Nomasdf A trip around…

6Feb/100

Roommate Search; Episode One – Paul

Anuncio colgado en Internet. Habitación pequeña en piso de dos habitaciones, compartido con estudiante graduado de Barcelona. Está colgado en craigslist.com, el equivalente yanki de loquo.com. También en la pagina de alojamientos universitarios, también en el servicio de correo de la universidad… De hecho, si os pasearais lo suficiente, también lo veríais colgado en la biblioteca, o en la facultad de Filosofía, o de Cine, o de Letras, o de… bien, que ya nos entendemos, ¿no?

De momento, durante las últimas dos semanas o porai, se han ido pasando diversos personajes por tu casa. La habitación realmente es más bien pequeñaja, aunque el piso es encantador. También es importante tener en cuenta la puerta que hay en la habitación. Si, hombre, esa puerta que, si la abres, te lleva a la maravillosa habitación de la caldera. Pero bueno, ¿que más quieres? Es una habitación “con energías”, como dirían esos tarados del Feng Shui, ¿no? Que todo es verle el lado positivo a las cosas, todo es ponerse.

Pero lo más curioso de todo ello es la experiencia antropológica, humana. Debería hacerse un libro, algo así como “Sobre quién vino a ver la habitación en alquiler”.

Y es que todavía te acuerdas de Paul. Te llamó por teléfono, el tipo. “Hola, que tal, si, mira, llamaba por la habitación, ¿cuando podría verla?”. Te da una sensación rara, la voz misma, por teléfono. Pero qué coño, al fin y al cabo, necesitas colocar la habitación si o si, y temprano. “Mira, pasa cuando quieras”.

En general, lo que haces es meterte a quien quiera ver la habitación en casa, le enseñas todo un poco (al fin y al cabo son menos de 50 metros cuadrados, que se hace en medio momento) y te paras a charlar. “Oye, ¿quieres un café? Voy a hacerlo de todos modos”. Os tomáis un café juntos, que la casa es pequeña, que es un año entero, y al fin y al cabo quieres sentirte cómodo con quien te toque vivir. Más o menos lógico, ¿no?

Pues bueno, a lo que íbamos, que viene Paul. Paul llama al timbre. “Sube, sube”. Paul llama a la puerta. Abres y le sueltas el más amable “Hola, que tal, pasa, pasa”. Así que Paul es un negro de dos metros, monstruosamente grande, calvo, de 55 años, con cara de tarado. “Hola, soy Paul, encantado”. Y de repente entiendes qué es lo que no te cuadraba por teléfono. Paul es un bujarrón. De hecho, tal como dice “encantado” te esta haciendo morritos sugerentes. Cagontó… al que te conoce, sabe lo que quieres decir con bujarrón: no tiene nada que ver con homosexualidad, ni con quien te gusta acostarte ni tus preferencias ni nada. Es una actitud, un modo de expresarse, comunicarse y relacionarse con el mundo. Y Paul es, ante todo, un bujarrón.

“Mira, esta es la habitación, ¿Qué te parece?” El tipo se pasea por la casa, va mirando cosas, rincones, va comentando. Te das cuenta que lo de bujarrón es síntoma de algo más profundo, más intenso. Mentalmente surge uno de esos peligrosísimos de perdidos al río, o lo que sea. Casi te ríes un poco. “Oye, voy a hacer café, ¿quieres un poco?”

No amigos, lo que le pasaba a Paul es que realmente estaba tarado. Entendámonos, no es un modo de hablar, es que Paul estaba como una puta regadera.

-Verás, es que trabajo a tiempo completo y estudio a tiempo completo.

- Vaya, eso está muy bien Paul, y ¿que estudias y de que trabajas?

- No mira, bueno, trabajo para una firma de altas tecnologías, soy jefe de departamento, como un ingeniero técnico de rango muy elevado, ¿sabes?

- Que interesante, ¿no?

Blablabla

Anda, mira por donde, Paul es un ingeniero. Un tipo potente, ¿no? También puede ser, que coño. Para tus adentros piensas que, antes de Nueva York, llevabas tres años trabajando con gente que realmente estaba muy mal del tarro, así que decides charlar tu ratejo con Paul. Entretenido estarás. Y Paul, otra cosa no, pero charlar charla, el tipo.

- Blablabla, porque claro, en la firma donde estoy ahora de ejecutivo, se ven muchos casos de, ya me entiendes, la naturaleza humana y demás. La gente, que es como es.

- Si Paul, que razón tienes, que razón tienes. Y dime ¿Qué firma es, exactamente?

- Es un importante gabinete de abogados, que está en Wall Street. ¿Sabes? Trabajo con ellos como asesor jurídico. Es un curro bastante difícil.

- Ya me imagino, ya…

Todo el discurso en si era como muy disperso, muy disgregado en general, mientras el tipo iba haciéndote poses, gestos sugerentes y demás. Como has dejado claro antes, hay detalles para llenar medio libro: que vida más interesante la de Paul. No llegaste a saber que era lo que estudiaba a tiempo completo, pero si supiste que tenía cuatro trabajos distintos… A tiempo completo. Y no bromas de trabajo, no; trabajos serios, de “altos rangos”. Bravo, Paul. ¿El toque final? Paul también te contó como era Nueva York, sobretodo Harlem, cuando el era joven. Y es que cuando Paul era joven, Paul era bailarín en Broadway. Poca broma ¿eh?

Curiosamente, lo de bailarín es de lo poco que podrías llegar a creerte de ese tipo.

Os termináis el café, termináis la conversación y os despedís. Lo último que verás de Paul será su cara, su mirada un tanto triste. Para tus adentros piensas Lo siento Paul, pero creo que hoy no vas a mojar…

Pero no te preocupas. Al fin y al cabo, sigues sin compañero de piso. Seguirán las visitas de personajes bizarros, el festival de actores secundarios en una película de serie B, la película de tu vida.

24Jan/103

Equilibrio mundial v1.2

Continued:

-si, vivo aquí-

Domingo y la mujer se miran. La mujer suelta un:

-Curioso, porque es el unico edificio de la manzana que no llevamos nosotros-

No acabas de entender a que se refieren.

- Bueno, te esperamos aquí y vamos a por el sofá-

Y tu y tu amiga entráis y dejáis las piezas de la mesa en el suelo del comedor. Seguís sin entender muy bien que pasa del todo, pero esa pareja de personajes siguen abajo, esperándoos. Bajáis.

- bien, el sofá está en el otro extremo del bloque. Es un tercero sin ascensor, ya veréis-

Seguís a Domingo en dirección opuesta de la manzana de donde salió la mesa. Llegáis a un edificio y realmente subís a un tercero. Allí hay un par de obreros que están terminando de enyesar y empezando a pintar un bonito piso de dos habitaciones. En el comedor, arrinconados, hay un par de muebles y en medio, apenas cubierto por papeles, hay un enorme sofá de tres plazas, algo sucio y polvoriento, pero prácticamente nuevo. Te lo miras, te lo remiras, y te das cuenta de que cabrias en ese sofá tumbado sin que tu cabeza ni pies tocaran ninguno de los respaldos.

- ¿Que te parece? ¿Lo quieres? -SDC10756

- Errr-

- Es que si no lo quieres, para pintar, molesta… Así que vamos a romperlo en pedazos para bajarlo mejor a la calle y tirarlo –

- No, no. Vamos, que si, que lo quiero –

Miras a tu amiga. Metro cincuenta como mucho, seguro que no llega a los 40 quilos. De hecho, probablemente el sofá pese el doble que ella, contando el colchón y la estructura metálica que contiene. Al momento decides llamar a un amigo, a ver si está cerca, a ver si puede ayudar. Si no, en breve empezarán a cargarse el sofá.

- chico, chico. Estas sillas están muy bien, ¿las quieres? -

¿Más cosas? En realidad,  son dos sillas rojas de Ikea, exactamente a juego con dos negras que ya tengo en casa, y que irían a juego de puta madre con la mesa y esas cuatro sillas.

- De hecho, si dices que no quieres muebles… ¿quieres mirarte el piso de arriba?-

From lost to the river. Sigues a la mujer hacia el piso de arriba mientras tu amigo llega. Abre la puerta del piso y te deja pasar primero.

Escena:

Un piso de mujer mayor, digamos unos 75 años, completamente mueblado, con sus mesillas, sus cómodas, sus cuadros, sus cacharritos. A modo de ejemplo, te quedas ensimismado con un enorme sofá, estilo colonial del 19th, bastante espectacular… Vas mirando, y de hecho queda todavía la ropa en el armario, las sabanas y la colcha encima de la cama. Es mas, todavía quedan los cacharros de la cocina por limpiar, todavía hay comida dentro de los armarios. Solo un par o tres de muebles arrastrados o fuera de lugar, un par o tres de cacharros aquí y allá demuestran que algo no va bien en ese piso.

La cadena de pensamientos es simple. Un piso de mujer mayor, todo está dentro todavía. Ellos son los que “llevan” los bloques de la manzana. Un piso de mujer mayor… Una mujer mayor que se ha muerto, que nadie ha reclamado sus cosas porque no tenía a nadie, no tenia nada más que ese piso. Una especie de escalofrió te recorre la espalda, te das cuenta que no estás en una casa, estas en un hogar, porque no ha podido dejar de serlo, la mujer no se fue del piso, la mujer murió en el piso.

Después de eso, ves una alfombra nueva que quedaría la mar de bien en tu casa. Así que coges la alfombra. Antes de que puedas mirarte nada más, tu amigo llega.

Y esta pareja de personajes trabajan para la inmobiliaria, la agencia que lleva los bloques de la manzana… menos el tuyo. Y antes que tirar muebles nuevos o apenas usados (el sofá tiene menos de 6 meses, me aseguran) pues se los dan a un grupo de chavales. Al fin y al cabo, menos trastos que tendrán que cargar ellos mismos, o gente a la que no tendrán que contratar para vaciar el apartamento.

- Oye, oye, vete a mirar el piso de arriba, vas a flipar. Cógete lo que quieras para tu piso-

- No necesito nada. Ya lo tengo amueblado, hombre-

- vale, lo que quieras. Vete a mirarlo solo por la curiosidad de verlo-

Le digo a la mujer si mi amigo puede mirar el piso, y ella asiente.

- en 2 minutos estoy de vuelta-

Y en 10 minutos regresa con un espejo de cuerpo entero y una mesita para revistas y demás, sonriente y sorprendido.

- Si, la verdad, tenia que verlo… bastante espectacular-

Finalmente os enfrentáis al sofá. Una bestia, una mole. Le prometiste a tu amigo que en 5 o 10 minutos lo tendríais hecho. Al fin y al cabo, solo serían unos 20 metros hasta tu casa. Después de accidentes, de atascar el sofá en las escaleras de ese edificio, de atascarlo otra vez en el tuyo, de cruzarte con el casero mientras arrancáis el yeso de las paredes, que salgan y entren personas, de tener que –finalmente- desmontar todo el sofá, la cama y demás por piezas… 3 horas más tarde, tu amigo se marcha y tu le preparas un desayuno-comida, un plato de pasta a las 9 de la noche a la amiga con la que quedaste para comer.

Al día siguiente pasaste a recoger las dos sillas rojas.

Recuento final: un espejo, una mesita, una mesa para comedor, una alfombra, un sofá cama, una lámpara y dos sillas. Si no hubieras tardado 3 horas de sofá o no hubieras quedado para comer, sería todavía más… pero al fin y al cabo, ahora si, ahora ya empiezas a tener un piso mínimamente amueblado.

Y todo porque una pareja de managSDC10757ers de apartamentos decidieron que era mejor no tirar muebles nuevos si unos jovencillos los querían. Parece lógico, pero a día de hoy, no se hace. Estás seguro de que los libritos de autoayuda, de energías, de equilibrio, del alma humana y demás pajas mentales no tratan de cómo asaltar pisos de viejecillas recién muertas para quedarse sus muebles… pero a ti, después de eso, sigue quedándote una sensación de equilibrio mundial, universal… Las cosas fluyen y se reutilizan y una vieja te ha dado su alfombra desde la tumba y tu se lo agradeces y bla bla bla

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23Jan/100

Equilibrio mundial v1.0

Hace unos meses, quizás años, porque en realidad no tienes ni idea, salió a la venda un librito titulado “El Secreto”. Te tomarás la libertad de proclamar alegremente “¡ese libro es una puta mierda, autentica basura!” aunque no te lo hayas leído. No hay cosa más bonita, más agradable y más noble que hablar de lo que uno no sabe por pura intuición. Y es que intuyes que ese es uno de esos libros “salvavidas”. Una versión moderna de esos libros de autoayuda, ahora más orientados a un “escucha, escúchame bien, que te voy a enseñar a vivir bien, te voy a salvar la vida, porque, cuidao, te voy a contar la verdad de las cosas”; eso le resulta más cercano al lector medio. Te da que será una versión más de “se bueno y las cosas te serán buenas”. Un tal Jesucristo acabó bastante mal por lo mismo, pero también se sacó un libro de ello que, con los años, se vendió bien. ¿No?

Bueno, toda esta diarrea mental la piensas como consecuencia del jueves. Un día extraño, como poco.
Contextualizando un poco: tienes un nuevo apartamento, pequeñín, en Harlem, sin amueblar. Llevas tus días comprando cosillas de segunda mano, y mirándote y remirándote las esquinas, de las que de vez en cuando sale una cajonera o algo parecido que algún alma desalmada -si, eso existe- ha abandonado. Has quedado con una amiga que viene a comer a casa, para ver el piso. Llega tarde; te has acercado a la universidad a imprimir un par de cosas, y de vuelta ves como delante de tu casa hay un montón de muebles en un estado ligeramente decente. Te paras a mirar. Un tipo que tienes visto del barrio, que siempre anda por allí, se te queda mirando como miras los muebles. Se genera una secuencia de miradas a dos. Ves una mesita hecha mierda y bastante cutre, te acercas, la coges y la sospesas.

Ingl: -Es una buena mesa, ¿eh? – oyes de fondo
-Eh… Si, si, es una buena mesa- le respondes al tipo
- cógela, hombre, es una buena mesa –

Esta hecha un asco, y no encaja para nada en tu piso.
- uhhh.. No, no, si solo estoy mirando los muebles -
- Pues más allá, en la esquina, hay muchos más-
- ¿Me estas tomando el pelo?-
- no hombre, vete y míralo-

Tu amiga todavía no responde al teléfono. Debe estar en el metro. Así que te acercas a la esquina y descubres que el personaje no mentía. Es más, te ha seguido. Hay una buena cantidad de co51452_PE151110_S4sas, desde sofás de piel a cajones de plástico o una batería musical infantil. Mirándolo bien, hay una lámpara bastante chula. Coges la lámpara, y ves al tipo que tendrá unos cuarenta años, ahora al lado de una chica de edad similar. Sonríen y murmuran entre ellos.

Ingl: - La mesa era buena, ¿eh? Una buena mesa –
- Si, si, deberías cogerla-
- heee.. bueno, es que acabo de entrar en un piso y la verdad es que ando buscando cosas y demás, pero esa mesa, como que no…-

Se miran entre ellos y empiezan a hablar otra vez.

Ingl: - Una buena mesa, ¿eh?-

Te parece, tan solo te parece, que están hablando español.

Esp: - Perdonen, ¿estos muebles son suyos?-
- ¿Sorry?-
- Digo si los muebles son suyos-

Se miran entre ellos. Si, hablaban español. Pero ese español centroamericano y desarrollado en Nueva York, una mezcla bizarra muchas veces ininteligible. Y tu acento a veces resulta todavía más desconocido en esta ciudad. Habláis un rato, simplemente por amabilidad. La chica se interesa.

- así que buscas una mesa, ¿no? Nosotros tenemos una, ¿la quieres? Es un poco más grande que esa, más nueva y mejor

Tú ya has dejado de entender nada de nada. Absolutamente nada. Que coño:

- si, por mirármela no pierdo nada, ¿no?

Suena el teléfono. Tu amiga está en la estación esperándote. Son las 4 y pico de la tarde, ninguno de los dos ha comido nada.

- disculpen, tengo que irme, una amiga me está esperando en la estación-
- chico, chico. ¿Quieres un mueble?

¿Qué coño es un mueble? Señora, ¿Qué me está contando?

- ¿A que se refiere con “mueble?
- si hombre, para sentarse, pero se puede abrir y se hace para dormir
- ¿un sofá-cama?
- si, si, eso. ¿te interesa uno?

Hace una semana que andas buscando uno, has estado a punto de pagar 200 o 250 dólares por algunos que no te convencen. Pero tampoco entiendes muy bien a que viene todo esto.

- bueno, escuchen, voy a buscar a mi amiga, dejo la lámpara en casa, y regreso en un momento, ¿ok? 5 minutos y estoy aquí, ¿vale?

Recoges a tu amiga, le cuentas la situación… como puedes, porque no se aguanta mucho por ningún lado y al final te acompaña a ver la mesa.

La pareja sigue allí, esperando. Cuando llegáis, abren una puerta de rejas que lleva a unos bajos abiertos. Allí hay una puerta que lleva a un subterráneo. Calderas, botes de pintura, herramientas, cacharros, cosas rotas y cosas sucias. El tipo nos hace señas, nos acercamos y aparece una mesa de Ikea, nueva, sin montar. Plataforma de madera y 4 patas.

- ¿la quieres?-
- eehh… no se-

En realidad no lo sabes. Pero porque no sabes que está sucediendo. Son situaciones muy difícilmente reconocibles, es jodidillo. Tu amiga te mira con cara rara y cuando ese par se apartan un poco, de suelta.

- no seas idiota, cógela. La metes en el cuarto de invitados, o la guardas para alguien que la necesite-SDC10754

Vale, bueno, vale, te la quedas. Dices que si, que de acuerdo, que te la llevas.

- Domingo, búscales a los chavales los clavos para las patas-

Y Domingo – así se llamaba el tipo- muy diligentemente se esconde en los rincones del subterráneo, saliendo con distintos tornillos de distintos tamaños para probar si funcionan para las patas.

- oiga, señora. Que son solo los clavos, que no hace falta-
- nada, nada, cuestan 4 o 5 dolares, ya te los doy yo. Domingo, ¿encuentras algo?-
- de verdad, que no hace falta, que ya los compraré-

Te miras a tu amiga, tu amiga te mira. No entendéis una mierda en general. Antes de que Domingo encuentre nada, empezáis a cargar tablón y patas. Salís y os dais cuenta de que tanto Domingo como la chica os están siguiendo. Sientes un escalofrío correr por la espalda, como si de repente toda la situación empezara a cuadrar. Ralentizas un poco la marcha, para ver que sucede. Nada, siguen detrás de ti. En cualquier caso, toda la acción se sucede en la misma manzana donde vives, así que no hay mucha más opción que llegar a casa. Subes al portal y abriendo la puerta, te giras a Domingo y sueltas un:

- Vale, vale, muchas gracias-
- Así que vives aquí ¿No? –

Domingo se queda estudiando el edificio, a ti y a tu amiga….

To be continued...

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20Jan/101

Fragmentos v1.0

Autobús de San Francisco a Los Ángeles.
Recién montado en el autobús. Hace tan solo un par de minutos que has dejado atrás la ciudad de San Francisco. Desde uno de los puentes que une la bahía, la entrelaza, como una tela tejida por una araña ciega y epiléptica, miras como la ciudad se aleja lentamente.
La verdad es que hace un tiempo de mierda, estás empapado, calado hasta los huesos… o siendo mas fieles a la realidad, hasta los cojones. El cristal esta empañado, así que intuyes el mundo a través de esas dioptrías nacidas de la condensación de agua. SDC10612
A pesar de ello, sonríes tristemente por dentro. Con todos sus defectos, que no son pocos, San Francisco se ha ganado tus respetos. Una de esas ciudades, con el tiempo cada vez más escasas, de las que te vas con un “coño, pues no me importaría vivir una temporada aquí”, en la cabeza.

Ejemplo: Vas y cruzas el semáforo en rojo. De hecho, lo cruzas sin darte cuenta de ello y un coche tiene que pararse para no arrollarte y terminar con tu insignificante existencia. Levantas la cabeza, sales de tu horrible universo de pajas mentales y descubres a un conductor sonriente y alegre, mirándote caminar como si fueras un niño experimentando con sus primeros pasos. En Nueva York ya hubieras muerto.
Una ciudad muy Europea, dicen… y esas cosas.
Por otro lado, lo único que hace es reforzar una vez más la idea de que los americanos tienen un concepto del ocio completamente distinto del español… hasta el punto de que no cumplen los criterios a los que tu estas acostumbrado para considerarlo siquiera ocio.
No es solo el hecho de que los locales cierren a las dos de la madrugada. No. No es solo eso. Te pasaste por una fraternidad (Zeta Ipsi, que broma de nombres), para ver que eran esas fiestas –American Pie-. Aguantaste allí unos 30 minutos y decidiste irte a dormir – deprimido. Igual simplemente te estás haciendo mayor…

Y, en el autobús, miras por la ventana empañada pensando y imaginando como coño serán Los Ángeles, aunque en realidad estarás allí tan solo 14 horas…

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19Dec/090

Ahora nieva de verdad!

Y desde mi ventana, contemplo el mundo desintegrarse, preparando los últimos examenes...

Let it snow...

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6Dec/090

Let it snow, let it snow, let it snoooow…

Es curioso como los cambios climáticos extremos siempre te han recordado al Apocalipsis. Ese Apocalipsis que llevas esperando toda tu vida, de algún modo, Apocalipsis que ya añoras aunque no haya sucedido todavía. O algo así.

Una tormenta perfecta, como las tormentas secas y eléctricas del pirineo en verano; o ese cielo rojo-azul-gris-verde desintegrándose, o cuando llueve como si no hubiera llovido en siglos y tuviera que hacerlo ahora en solo dos horas. Son momentos que conectan con algo visceral, algo muy profundo dentro de ti mismo. Casi te emocionas, en realidad.

Así que ayer tocó la primera nevada en Nueva York. A ver, que ha nevado antes, ¿eh? Pero es tu primera nevada. Anteayer ya te lo dijeron, se comentaba y demás… Mañana va a nevar. Pues bueno, pues vale, ya se verá. Te levantas y la verdad es que no hace tanto frió ni tan mal día. Pasado el mediodía, empieza a llover y a refrescar.

Tomándote tu café necesario en tu Meca diaria, miras a la calle y empieza a caer una lluvia como, como más densa, como más espesa… Sales a la calle y si, esta empezando a congelarse, a llegar medio helada al suelo. Nah, no calará, no llegará a hacer copos.

Va pasando la tarde, vas viendo el tiempo pasar hasta que, de repente, miras por la ventana y el mundo es tan solo apreciable a través de unas cataratas causadas por unNew York Snowa edad que todavía no tienes… ¿pero que coño..?

Sales a la calle. Eso no es nevar. Vamos, no es el nevar que tú conoces. Copos de nieve del tamaño de tus pulgares, del tamaño de piedras pero ligeros como el aire, como desafiando toda ley de la física conocida. Nosotros estamos acostumbrados a una nieve menos espesa pero más intensa. Ya es de noche, así que los copo-piedras quedan iluminados por los focos, los faros, las farolas. Justo en ese momento tienes una ligera erección mental: el mundo está loco, el clima está loco y vivimos en un universo precioso donde la simple metereológia te brinda maravillosos momentos de pura psicodélia. Con una sonrisa de lado a lado, desgarrándote la cara por la mitad, te apoyas en una barandilla y empiezas a liarte un cigarro con calma, apreciando el espectáculo que te ofrece el momento. Algún amigo se cruza y te mira curioso. No entenderían porqué sonríes, y, además, esto no es nuevo para ellos.

Horas más tarde decides salir a pasear. En 20 minutos tu sudadera negra es prácticamente blanca. O eso, o te estas convirtiendo en un dálmata. Y joder que frio hace.

Hoy te levantas y el cielo duele; es tan azul, tan luminoso y tan limpio que casi da asco mirarlo de lo bonito que es. Le comerías el rabo a Dios para darle las gracias por un día tan maravilloso. Pero cuidado, que cuando te acercas a la salida, a través de la puerta de cristal, ves que el coche aparcado allí esta cubierto por 5 cm de nieve. ¿Tanto ha nevado?

Nada, chaval, empieza a llorar. Lo que ha llegado es el frío. El frío y la humedad que permiten que la nieve de ese coche, nieve que no ha caído en Nueva York si no en cualquiera que sea el lugar de origen del cacharro, esa nieve no se derrita en todo el puto día. Pero será la única nieve que verás hoy…

Felicidades amiguito, el invierno ha llegado a Nueva York de verdad. Se acabaron los simulacros.

21Nov/090

Friday Morning

Viernes por la mañana. No sabes ni por qué, pero te levantas a las 6 sin despertador. Cinco horas de sueño. Sin mucho margen de duda, decides volver a ponerte a dormir, así, como quien no quiere la cosa. Te vuelves a levantar, solito, a las 10. Raro, como poco. Que coño, por una vez, vamos a aprovechar el día, ¿no?

Café; empiezas a llamar a gente para echar el café mañanero. En vez de eso, te proponen que te acicales en 10 minutos y bajar a Downtown para ver la exposición de Bodies. Si, la misma que rondó por Barcelona, la de los cuerpos disecados, abiertos en canal, y demás. Esa tan polémica. Bueno, en realidad tiene su gracia, más que nada que, que coño, con el carné de la universidad es gratis. Y a todo lo que sea gratis, difícilmente se le debe hacer un feo ¿no?

45 minutos después (como mínimo) llegáis a la punta sur de Manhattan, y buscáis y encontráis la exposición.  

- ehh… hola señora, queríamos 3 entradas para Bodies.

- Serán 60 pavos

- ya bueno, es que tenemos el carné de la universidad

- no, no hacemos descuento para estudiantes…

- ehh… vaya, es que hay los flyers esos, y los carteles, en la uni… Dice que es gratis y tal

- Bueno, el jueves hacemos un dos por uno, por la mañana.

- ya, vale, pero que gratis no, ¿no?

- La verdad que no

- hummm… Vale, gracias.

Gracias y a cuidarse.

Tirados, por decirlo de algún modo, en la punta de Manhattan. Al salir del metro, ya te habías fijado. Habías estado por esta zona un día, buscando unos edificios del gobierno de Nueva York. Pero no te habías fijado en eso. Así que hoy, a falta de mejor plan, decides visitar las Torres Gemelas, que están al lado. Curiosamente, casi 4 meses en Nueva York y todavía no te has pasado por allí… Estaría bien a estas alturas, digo yo.

Os acercáis a la zona, y las ves alzarse. Dos edificios perfectos, dos colosos de metal y cristal, como seres de otro mundo, silenciosos y imponentes, irguiéndose hacia los cielos. Dos enormes torres de Babel acercándose al reino de los cielos, desafiando toda lógica con su majestuosidad, con todo su esplendor. El símbolo del progreso, del futuro, de la prosperidad occidental. Las dos torres alzándose como…

Ja, ja ja, ja, ja…web

Total, la Zona Cero. Ves, más o menos, lo que esperabas ver. Absolutamente nada. Lo mismo que ves cada puto verano en Barcelona, un solar en obras, una calle en obras, gente en las obras. Una vez más, pequeños matices culturales, los obreros aquí no gritan a las mujeres cuan jamonas están, y demás. Pequeñas cosas que pueden pasarse por alto. La gente rodea la manzana, mirando al vacío, mirando al cielo o a las vallas que cubren el interior. De hecho, te acercas y miras entre las vallas: montones de material de construcción, gente vestida para la obra, cimientos, agujeros, hierros, roca… La Zona Cero. Supones que tiene más de lugar de reunión, de recogimiento, un lugar de encuentro simbólico, tanto por el local por todas las sobadísimas connotaciones, como para el turista, por eso de decir “mira mamá…”.

¿Lo más interesante? Pasar luego por el memorial del 9/11. A tus ojos, una tienda de souvenirs con un par de maquetas, fotos y parafernalia en general para justificar. En cierto momento, miras a una de las amigas con las que has ido; hace mala cara.

- ¿que pasa? ¿Estas bien?

- Este lugar me da nauseas…

Americana, piensas. Bueno, para ellos tiene mucho de emocional, o algo… ¿quien les entiende?!

- me destroza darme cuenta de lo jodidos que estamos… Como llegamos a comercializar incluso esto, como sacarle algo incluso del desastre en si mismo…

Después… tú llevas todo el día pensando en ese comentario. Igual existe también una visión crítica desde dentro, sin que pierdan parte del sentimiento propio. Nunca has llegado a comprender el patriotismo en si mismo como sentido último, pero este quizás parece un –suficientemente- buen ejemplo en ese sentido. El asco hacía uno mismo por el desprecio o la falta de sentimiento hacia uno mismo. Podrido y bonito al mismo tiempo.

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13Nov/091

Sacar lo Máximo de lo Mínimo

 Maravilloso insomnio del que salen maravillosas maravillas. Siempre.

Terminaste los exámenes, por llamarlos de algún modo, y más trabajos empezaron a aparecer, uno tras otro, uno tras otro. Take-home midterms, les llaman. Vamos, le llaman examen pero te lo llevas a casa, y te dan dos semanas, o una, o tres (o las que sean, ya nos entendimos, ¿verdad?) para completarlo, y luego los entregas. En Barcelona, si llegase un profesor y le llama examen a eso, nos reiríamos durante semanas. Pero bueno, al fin y al cabo, es más tute que uno se hecha a la espalda.

Así que, a partir de ese punto, decides relativizar. Relativizar todavía más, siendo realistas.1023SkeletonHalloween

Decides celebrar el fin de exámenes coincidiendo con Halloween. Dices, es Halloween, no será para tanto, ¿No? Sabiendo que, con lo colgados que están esta gente, tiene que ser, como poco, una burrada. Y si, lo es. No hay comparación con ninguno de nuestros carnavales, y seguramente, como evento, lo más parecido sería el más desquiciado de nuestros “Fin de Año”. Zillones de personas en la calle, con las carrozas, todos disfrazados. Todos. ¡Todos! Así que subes al metro al lado de drácula, de una cheerleader, de un psicopata, de un cubo de rubic, sales a la calle y le pides la hora a Bill Gates, y así hasta la puta saciedad. En todas partes.

En realidad, dejando de lado que se dejan todo su dinero en disfraces, tiene algo de bonito, culturalmente hablando. También te demuestran una vez más que cualquier excusa es buena para gastar; cualquiera. Y gastan mucho. Pero a parte de eso realmente hay disfraces muy elaborados (Impresionantes unos zombies Victorianos, de verdad, olé). Tú vas disfrazado de “Barcelonés poco guay”, pero parece que no lo entienden. Te reconfortas al pasar el principio de la noche con otros con disfraces similares.

Luego, cambias de grupo y de plan. Terminas, no sabes muy bien como, en un bar gay del Lower East, rechazando amablemente ofertas de sodomización y demás. Y te ríes un rato porque, uno de los amigos que ha caído en la emboscada contigo, va disfrazado de plátano. Creedme, es muy curioso ver, en la noche más loca de Nueva York (o algo), a un amigo heterosexual disfrazado de plátano en un bar gay.

Bueno, la noche siguió. Terminamos en nuestra ya establecida Meca, en nuestro bar de Brooklyn; los clásicos, los básicos. Union Pool, le llaman. Alguna cerveza para terminar la noche, unas cuantas risas y disfrutar de una sociedad entera disfrazada por un día.212783200_l

Al día siguiente, oficialmente, retomas las riendas de tu vida. Pero al darte cuenta de que tocará trabajar, y trabajar, y trabajar… decides darle también un valor importante al ocio, por contrapeso, para balancear una realidad que no quieres que termine enranciándose.

Haces un pensamiento contigo mismo. No sabes si antes o después, pero lo haces. Terminar corriendo en pelotas al lado de otro enfermo blanquito (también en pelotas), por el barrio negro mas jodweird-naked-guys-running-739191idamente jodido de Brooklyn, a las siete de la mañana no parece el mejor plan ¿Verdad? Porque eso no va a suceder ¿Verdad? Dejar de hacer las cosas que te gustan, las cosas que te llenan, o simplemente las cosas que le dan sentido a tu vida por el trabajo tampoco parece la mejor opción ¿No? Encontrar un equilibrio. Ni encerrarte, ni volverte loco por las calles. No hace falta llegar a extremos.

Así que vale, trabajemos, estudiemos, rindamos al máximo y seamos los mejores. Matémonos a pajas y sodomizémonos mentalmente. Lo que vosotros queráis. Pero a veces también es importante intentar sacar lo máximo de lo mínimo. Saber trabajar es tan importante como saber no hacerlo. Una sabia persona pasó años intentando enseñarme esa lección. Creo que empiezo a aprendérmela. Por lo menos, lo intentaré.

27Oct/094

Hairdresser

El otro día, entre examen y examen, te dio la vena. Era una gilipollez como cualquier otra, pero decidiste que querías ir al peluquero, si señor, querías un buen corte de pelo.

Y, querido lector, pensarás ¿Qué coño tiene de raro ir al peluquero?

Bueno, es una gran experiencia después de algo así como diez años de autosuficiencia. Coger la maquina de esquilar, a veces con ayuda, a veces solo, y ale, trabajo hecho en 10 minutos. Renunciar a eso y, ya que se da la ocasión, probar nuevas sensaciones, experiencias extremas… ir al peluquero.

Así que, aun y sabiendo que la gente te considerará un loco, un inconsciente, cometes la osadía de acercarte al barbero. Tan solo llegar te das cuenta que, algo que parecía tan sencillo, está lleno, repleto de convenciones sociales a las que no estas acostumbrado…

-¿Tenia usted hora reservada?

Te das cuenta de que hay gente esperando.

- Ehhh… Uhm, verá, señora… No. Pero puedo volver mañana.

Las leyes no escritas del “ir al barbero”. Confuso, sales del local. Te tomas un café para recuperarte de la experiencia. Todo hay que decirlo, vas a la cafetería de al lado; tu meca, tu templo, tu campamento base, donde ya te conocen, ya te saludan y ya te invitan si tienen un buen día. Café a un dólar. Un pequeño regalo, solo para ti, amiguito, de esta gran ciudad.

Al rato, te das cuenta de que los clientes que estaban dentro del peluquero ya salieron, y no ha entrado nadie más. Te armas de valor.

- Ehhh, hola otra vez. No tendrá un hueco, un huequecillo por ahí, ¿verdad?

Y la tipa te mira como “y a este que le pasa…” pero te dice que te sientes. Como persona diligente, amable y poco amiga de los problemas que eres, te sientas y esperas. Curiosamente, la sensación que te invade es parecida a la de la sala de espera del dentista. Si que tienes las sillas delante, y ves todo lo que sucede... Pero todo tiene ese aire de acto social, de acontecimiento… un acontecimiento que no llega a lo extraño, pero que no resulta en ninguno de los casos extremadamente cotidiano. Una especie de anti-normalidad consensuada.

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El rato pasa, hasta que una tipa de unos 50 años, que intuyes polaca, te dice que te acerques, que te sientes. Tímidamente… te acercas, y te sientas.

Te mira a los ojos, y luego empieza a escudriñarte el pelo. ¿Tendrás piojos? ¿Qué será tan interesante, allí arriba? ¿O simplemente la incipiente calvicie es extraordinaria para una cinquentañera polaca? Parece que, medio convencida, va a empezar. Así que saca algo así como una sabana, un mantel para la mesa, o algo parecido; se te acerca y te lo pone como si fuera un babero. Curioso como poco, piensas. Se queda mirándote, seria…

Bueno, que… ¿Cómo lo quieres?

¡La madre que la parió! ¿Señora, es usted o soy yo, el barbero?

Bueeno, verá… es que yo, la verdad… hace como… años, que no voy al barbero, ¿sabe?

Te mira, dudando de tu cordura.

Si, bien, es que me lo hacia yo solo, en casa…

Te mira peor que antes.

Bueno, mire, ¿ve la forma que tiene el pelo ahora? Pues más o menos lo mismo, pero en corto. Entiendame. Corto normal, no corto estilo “marine”. ¿sabe? Corto pero no muy corto. Como corto por los lados pero largo arriba ¿no? No se… ¿me entiende?

Te mira, entre confusa e intrigada. Es esa intriga del que se plantea si la persona que tiene delante esta simplemente confusa o es un completo gilipollas.

Bueno, puede coger la maquina de cortar pelo, ponerla al 3… o no se yo como será aquí en USA, y pasar la maquina… no se. ¿Cómo lo ve?

Digo, corto, pero no muy corto, vamos…

Coge la maquina y empieza a cortar. La sensación es muy rara. Te sientes como vulnerable, y cuando tu pelo recortado empieza a caer sobre tus hombros, y tu cuerpo queda cubierto por esa especie de mantel de mesa… te sientes violado. La falta de control sobre lo que le está pasando a tu rostro te asusta, pero bueno, no vas a quitarle la maquina a la mujer y a hacértelo tu mismo.

Termina con los laterales y coge unas tijeras. Ahora mismo tienes como una seta plantada en medio de la cabeza.

Señora, si quiere, puede hacerlo todo con la maquina.

Te mira, entre divertida, cansada y casi enfadada (por extraña que parezca la mezcla).

No, no voy a hacerlo con la maquina.

Decides que por algo le pagan por ser peluquera. Igual sabe lo que se hace.

Finalmente, de algún modo, terminas acostumbrándote.

10 minutos más tarde, sales a la calle con la cabellera bien fresquita, y sin ningún tipo de ironismo implícito, más contento que un niño con zapatos nuevos o un yonki con un kilo de jako. ¡Hoy has ido al peluquero, campeón!

18Oct/092

Cerrado por exámenes

Esperamos disculpen las molestias.

En breve se retomaran las publicaciones.

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