Apartment with curry
Principios-medianos de abril. Vale, después de meses intentando alquilar la habitación, te diste cuenta de que los gastos aumentaban exponencialmente mientras que los ingresos seguían iguales: insuficientes.
Como buen parásito superviviente, decidiste poner la habitación en alquiler “por días”. Es más, decidiste sobre-explotar esa maravillosa página que es craigslist, la versión yanki de loquo.
Y al relativamente poco, la primera victima cayó. 150$ por 3 noches. Curiosamente, durante los mismos días que tenías a un amigo de un amigo también acogido en casa.
El tipo del anuncio te dijo que venia unos días a visitar a familia y amigos. Al llegar, le preguntas y resulta ser la primera vez en NY. Mierda de familia y de amigos, piensas, si te hacen quedarte en casa de un completo desconocido en medio de Harlem… Pero bueno, cada cual a lo suyo, ¿no?
Así que viernes, a las 10 de la noche, le llamas
Oye, ¿ pero tu no llegabas hoy? No me jodas…
Es que se me ha retrasado el bus… y luego tenía que asistir a una cena importante, y…
Vale, colega, pero esto se avisa y así no pierdo todo el día
A las 11 te llama
Que ya estoy en la estación 116, pero ¿Cómo se llega a la casa?
Le das instrucciones otra vez. Total, está en la esquina opuesta de la misma manzana. Ni eso, de hecho.
11:30h
¿Dónde decías que estabas la casa?
Mira, regresa a la estación y vengo a recogerte
Resulta que el tipo se puso a andar y se perdió. Le recoges y le llevas a tu casa.
Un tipo indio pequeñito de unos 30-35 años, vestidito con su camisita y sus cosas, arrastrando su maleta a casi las 12 de la noche por Harlem con pinta de pardillo-perdido. Si no fuera porque te lo vas a meter en casa, al igual le hubieras robado tu mismo.
Llegáis, le enseñas la habitación y un poco la casa. Te das cuenta de que no te sigue, así que ni casa ni nada. Se queda en la habitación.
¿Necesitas algo?
No, no, gracias, esta todo perfecto… y disculpa otra vez
Parece que coge el teléfono para llamar. Cierras la puerta.
Te vas a tu cuarto y empiezas a llamar a gente. Al fin y al cabo, igual ya es algo tarde para cogerte el metro y cascarte dos horitas hasta Brooklyn, ¿no?
Y es entre llamada y llamada que oyes al indio de fondo, encerrado en su habitación, que sigue todavía al teléfono. El tipo había empezado la llamada como horas antes. Suena muy raro, pero intuyes que será porque estará hablando hindú o algo…
Te metes a escribir un buen rato en el ordenador. Al cabo de otro buen rato, vas a por otra cerveza. Cerveza que está al lado de la nevera, nevera que está en el espacio abierto que es tu cocina, cocina que esta al lado de la puerta del indio. Así que resulta inevitable escucharle hablar.
Y si, está hablando hindú (o dios sabe que), pero lo que sonaba raro es que el tipo estaba llorando… y debe llevar dos horas llorando al teléfono, por lo menos.
No puedes hacer más que pensar en ti mismo, y en como coño llegas a meterte en ciertas situaciones.
………………………
Domingo por la noche, Abhishek, nuestro héroe indio, te llama.
¿Podrías pasar por casa? Tengo algo para ti, y quiero hablar contigo….
Teniendo en cuenta que en 2 días y medio no habéis cruzado una palabra, ni os habéis visto (viviendo en el mismo piso), ni nada… Y las pintas del tipo en si mismo… Intuyes que en realidad se trata de un cirujano indio psicokiller que quiere desguazarte y vender tus órganos en el mercado negro oriental.
Si, hombre, tranquilo… ¿A que hora quieres quedar?
Llegas a casa. En breve llega el tipo. Empieza a empaquetar.
Si, mira, lo siento. Pero es que resulta que tengo este tío en Queens… Que cosas, no sabía que tenía familia en Queens! Pero es que este tío, en Queens… y esta noche dormire allí…
Ah, vale, pos de puta madre, ¿no? Me parece maravilloso y fantástico
Entonces el amigo Abhishek te mira con cara de perdonavidas y te suelta un
Pero bueno, para que veas que soy una persona justa y de palabra, te voy a pagar esta noche, también… Se que no debería, pero bueno, aquí tienes tus 50$
Le miras de arriba abajo. Hace cara de “no me los vas a aceptar, ¿Verdad?”.
Le sonríes muy, MUY dulcemente.
Bueno, para que veas que yo también soy una persona razonable… Teniendo en cuenta de que acordamos 3 noches, de que no me has avisado con ningún tipo de antelación para que pudiera alquilar la habitación ni nada a otra persona y no perder el dinero, de que en realidad son ya las 9 de la noche… te cobrare solo 40$ y te puedes quedar con los 10 restantes.
Le extiendes el billete. Diez dólares que no te suponen ninguna diferencia real, ni se la suponen a el. 10$ es un valor lo suficientemente bajo como para no echarlos tanto en falta, suficientemente bajo como para resultar un buen insulto sutil, un escupitajo de reojo.
Abhisek baja la cabeza y se guarda sus 10$. Sonríes.
Ha sido un placer tenerte en casa, Abhisek
Oye… Una última cosa… Si regreso alguna vez a NY… ¿Puedo volver a contactarte?
Pillow Fight NYC 2010
Cada cual más tarado.
A veces te hace falta un momento, un acontecimiento social que no tenga ningún sentido para recargar las pilas. Sábado 3 de Abril, 2:45 del mediodia, te reúnes en Union Square con tres amigos que tienes de visita en casa. Una parejita que estaba haciendo turismo y otro que iba por libre. El que iba por libre traía una amiga. Luego aparece uno de los compañeros de batallas Neoyorkino. Sois un buen grupo, pero nada comparado con unos cuantos miles de personas que ya están allí. ¿Tu idea inicial? Hechas algunas buenas fotos. Finalmente, el compi ha traído un cojín de sobras. ¡A tomar pol culo y que empiece la guerra!
Te faltan palabras para describir lo surreal, lo buenrollista, lo descargante de energía, lo… miles de personas en una pelea masiva de cojines, el cielo escondiéndose tras una nube de plumas al aire, gritos, risas, disfraces y un montón, algo desproporcionado, de colgados. Y la sensación de haber vivido algo, no solo divertido, si no de algún modo bonito.
Spring at Harlem
Regresas a Nueva York después de una escasa semanita en casa. Cuando ibas a Barcelona, todo el mundo enloquecía. Tu! Que hay como un metro de nieve, aquí!
Que alegría, que alboroto y que ganas de cagarte en su puta madre, en general. Nueva York, 3 meses de nieve, empieza el buen tiempo y te vas a Barcelona. Resulta que no caía una así desde el 62, que si, que esta va a ser recordada, que vale.
Pero bueno, por lo menos, los días que estuviste dando tumbos porai, hizo mejor tiempo. En general, incluso se podía ir sin chaqueta y demás.
Luego, ayer en el avión el piloto anunciaba Señoras y señores, vamos a aterrizar en el aeropuerto y bla bla bla, la temperatura exterior es de 20 grados centígrados. Y tú piensas para ti mismo, vale, el amigo se ha equivocado. En Barcelona hacía más frío, y esto, bien, cuando te fuiste de NY todavía había placas de nieve y hielo en todos lados. Y joder, que ha sido solo una semana, ¿no?
Pues no.
Luego sales del avión, hace calor, te quedas en camiseta; recoges tu mochila y empiezas a vaciarla para llenar tus bolsillos. Tabaco, llaves, y… Mierda! Pero mierda de las gordas, de las serias, no nos confundiéramos! La cremallera abierta, las llaves a punto de caerse, y no hay móvil. Te gustaría pensar que te la han abierto y te han robado. Pero todo el resto sigue allí, incluso el cartón de tabaco. Te gustaría pensar que te lo han robado, pero en tu fuero interno sabes, al menos intuyes, que la cremallera lleva abierta desde Barcelona. Eres tan jodidamente consciente de tu garrulismo que te das cuenta de que tu móvil, probablemente, se perdió en algún punto del trayecto. Ojalá te lo hubieran robado, imbécil… Te has quedado sin móvil.
Vale, te levantas hoy ya con la idea de ir a cancelar la tarjeta y comprarte móvil nuevo. Has perdido todos los contactos y demás.
Y es al levantarte cuando ves que el sol intenta carbonizar cruelmente todo aquello que se mueve en la calle. Joder, está prácticamente escupiéndote en la cara. Vale, vale, admitámoslo, igual te has pasado, igual no es para tanto. En cualquier caso, queda bien claro. El invierno ha terminado.
Te tomas tu café matutino, tu cigarro, una cagadita rápida y listos. Te pones tus zapatillas, tu camiseta, y que coño, tus pantalones cortos. Sales a la calle.
Harlem se revela ante ti con todo su esplendor. Y, puedes sentirlo, solo está calentando motores. Domingo por la mañana, las calles están llenas de vida, de gentes, de cosas, haciendo honor a ese espíritu mezclado, hijo de Hispanos y Afro-Americanos – los segundos, más prevalentes en tu parte del barrio. Viejos en las esquinas, mesillas en las aceras donde se juega a domino, a cartas o a Dios sabe que. Todas las escaleras de todos los portales llenas de gente joven charlando. Mendigos y alcohólicos deambulando entre esos primerizos rayos de sol que anuncian la primavera. Olor a marihuana de vez en cuando. Tulipanes y demás flores multicolores explotando en los terraplenes llenos de mierda de perro, donde los árboles aprovechan esta luz y este sol renovados para resurgir tras el frío. Aquí y allá coches de policía, con personajes uniformados que resemblan los antidisturbios españoles. Aquí y allá alguna ambulancia. Aquí y allá, ventanas abiertas de gentes que comparten su música y su universo personal con el peatón, pensando que los gustos universales y los propios fluyen en hermosa armonía. Todo esto concentrado, condensado en la fría, nevada y prácticamente muerta calle que abandonaste tan solo una semana atrás. Mientras tanto, tú intentas contener una erección mental mientras piensas Joder, como mola, ¿no?
Paseando, sin ningún tipo de prisa, te acercas a una tienda de T-Mobile, la compañía (de mierda) con la que tenias contratado el servicio. La tienda está, aproximadamente, a tomar pol culo. Y te alegras de que así sea. Paseas.
Entras en la tienda. Está en la parte Este de Harlem, donde la influencia pija de Columbia ya ha dejado de notarse. Los dependientes son todos jóvenes y negros. Hablan como negros, gritan como negros, se insultan y tienen el argot de negro de Harlem. Esperas. Pasan de ti. Al cabo de un rato, siguen pasando de ti.
Finalmente, uno de ellos te mira y suelta un ¿que quieres?
- Bueno, si, holaquetal… Mire, es que ayer me robaron el móvil, y quisiera cancelar mi número.
Le pasas el papel con tu contrato y demás. Preguntas si se puede hacer y asiente. Preguntas si eso hará que el mamonazo que te robó el móvil no pueda usarlo y que te carguen a ti los gastos. Asiente.
- Oiga, perdone… ¿De hecho, sería posible conseguir una copia de la tarjeta, con el mismo número y tal?
Asiente. Pide a los otros dependientes negros que gritan como negros y hablan como negros si alguno tiene una SIM virgen porai. Pasan de él. Insiste. Al final aparece una. El tipo hace un par de cosas con ella y finalmente te la da con tu número.
- Toma chaval.
- Gracias… De hecho, no tengo ni móvil. ¿Cual es el más sencillo y barato que tenéis?
- Ese.
- ¿Por cuanto sale?
- 75 Pavos
- Ostias… ¿Y No tenéis nada más barato?
- No… ¿Pero la verdad? Te aconsejo que no lo compres. Vete a una tienda de estas de aquí al lado, que no son de una compañía concreta pero están autorizadas. Allí tienen modelos más antiguos y te costaran nada.
Vaya, teniendo en cuenta que esta gente cobra a comisión, esta no te la esperabas.
- Vaya, muchisimas gracias. ¿Cuanto es por la tarjeta?
Te mira unos segundos y sonríe.
- Que te roben el móvil es una putada…
- Si, la verdad que si…
- Una putada
Esperas.
- Pero ¿Cuanto es?
Sigue sonriendo.
- Mira, normalmente son 20 pavos… Pero, bueno, Si, que te roben el móvil es una putada.
Le devuelves la sonrisa. Te levantas, le das las gracias dos o tres veces, y te alejas. El tipo ya hace rato que pasa de ti. El mismo tipo que te acaba de regalar la tarjeta. Y mientras te alejas, oyes como los negros vuelven a hablar como negros, gritar como negros, insultarse como negros. Piensas en como, si hubieras ido a tu parte del barrio, esa parte segura de blanquitos guapos, ricos y pijos, a Broadway o donde fuera,muy educadamente te hubieran cobrado 40 en vez de 20. Y, ni lo dudes, te los hubieran cobrado.
Encuentras una tiendecita donde te venden un nokia nuevo por 15 dólares.
Regresas paseando con tu antiguo número de teléfono en un nuevo móvil, mirando como el sol insulta al invierno. Piensas en cuan peligroso es Harlem, en como los negros son ladrones crakeros asesinos… y te ríes.
Joder, que bien sienta el buen tiempo y como te gusta tu barrio.
Escenas (reales) enfermas; nº 1
Estas esperando el metro; como se habrá podido apreciar, universo recurrente. Sentado en el andén prácticamente vacío, con tu libro, viendo pasar el tiempo. Serán algo así como las 10 de la noche.
Al poco rato, unos gritos te hacen girarte. Son dos sin techo, un hombre y una mujer. A la mujer ya la tienes vista, tiene relativa mala leche, siempre esta en los vagones, pidiendo, y no le gustan las negativas. En cualquier caso, por norma, los sin techo de Nueva York se caracterizan por su inofensividad. La mujer tiene la cara cortada por 3 líneas bien delimitadas, claras marcas de surcos navajeros. El tipo lleva unas greñas y una barba de más de medio metro, y arrastra un cubo de basura cuadrado, de esos de restaurante, enorme. Su maleta personal. Gritan entre ellos mientras se acercan donde estás tu. No es una pelea, es más ese tipo de conversación de hechospolvo, de pseudoesquizofrenicos, de hijos del crack...
Al pasar por tu lado, el tipo te mira, y acompañado de una sonrisa, te suelta un sincero
Lo siento, disculpa.
Te quedas un tanto sorprendido. ¿Disculpa porqué? No te queda muy claro si era por los gritos, por pasar con el cubo demasiado cerca de tus pies, o lo que fuere. No tienes tiempo de decir.
Tranquilo, no pasa nada.
Sigues leyendo.
Al rato, llega el metro. Te subes en él, al igual que la pareja de mendigos, que se monta en el mismo vagón que tú. Catastróficas casualidades, en el vagón hay un grupo de 8 o 9 chavales de unos 18 años, con ganas de hacer el mamón.
Tal como entran los mendigos, 3 de los chavales se ponen a charlar con el tipo. La tipa, poco después, se aparta, y en un par de paradas ya se ha bajado del metro. Y digo charlar por decir algo. Es una de esas escenas horribles pero cada vez más recurrentes; digamos que los chavales han cogido al mendigo como su bufón personal para distraer el trayecto de metro, para hacerse los “guays” delante del resto de chavales, de las chicas.
El mendigo aguanta la compostura como puede. Digamos que, poco sutilmente se están riendo de él en su cara. Y el tipo, como puede, les sigue la broma. De entre ellos, uno es un chaval un tanto más joven, pero con sus buenos 16-18 años. Un tipo gordo, cabeza prácticamente rapada, con un anorac de pluma azul fluorescente y enormes gafas de sol. El tono de las bromas va creciendo, se va ensuciando y oscureciendo. El mendigo empieza a intentar alejarse, hasta que el niño-gordo le ofrece dinero, algunas monedas. Monedas que finalmente acaba tirando por el suelo, gritándole un recógelas del suelo pedazo de mierda.
Esto quizás después de 20 minutos de trayecto. Imagino que el mendigo tuvo suficiente, cada cual tiene su límite.
Llegados a este punto, el mendigo empieza a gritarles. Simplemente gritos de rabia, de impotencia… sobretodo de rabia contenida. El niño-gordo se crece, es el centro de atención, así que intenta gritarle más, más fuerte y mejor. Otro de los chavales acompaña al niño-gordo. Un tercero, viendo la situación y un tanto cansado, grita al mendigo que se vaya, que se aleje… Valiente imbécil, más fácil sería pegar un par de ostias a sus amigos.
En cualquier caso, el mendigo se queda mirando al tipo que le dice que se marche. Tranquilamente se calla, coge su cubo de basura-hogar y empieza a alejarse dentro del vagón. Su cara ha cambiado. En ese momento, el niño-gordo tiene la necesidad de poner la guinda final, su “triunfo”.
Córtate ese pelo de mierda. Eres una desgracia humana, por lo menos disimula. Das asco.
El mendigo suelta el cubo de basura y se gira.
Empieza a gritar a plena voz, se entienden pocas cosas, a parte de un ¿para qué, para parecer un cerdo seboso con la cabeza rapada como tú? Y luego sigue con frases que incluyen un carcel, un imbéciles, bien, una buena sarta de insultos y mierda en general.
Y aquí es cuando los chavales se crecen de verdad. Uno sigue gritándole al mendigo que se mache, pero ahora es el mendigo gritando al niño-gordo. Así que un tercer tipo empieza a gritarle al mendigo, todavía más fuerte, un
Venga, partele la cara si tienes huevos, partele la cara, venga, partele la cara!!!
Cuatro chavales jóvenes contra un mendigo desnutrido y hecho mierda. El mendigo se calla, se calma de repente. De sus pantalones rotos, caídos y asquerosos, de un bolsillo lateral, saca un destornillador de medio metro. Tranquilamente, empieza a hablar
No, no le voy a pegar. Le voy a atravesar con el destornillador. Venga, niños valientes, ¿Quién será el primero? ¿No queríais fiesta? Empecémosla. Venga, cuatro contra uno, venga. A mi me vais a reventar, pero de cuatro, me cargo mínimo a dos. Yo no tengo nada que perder. Venga valientes, venga.
Con tu libro en la mano, deseas de corazón tan solo un instante que alguno de los chavales la cague, que realmente pase algo. Llevan 30 minutos pidiéndolo a gritos, una buena dosis de realidad, de bajada de humos a puñaladas, de humildad.
Obviamente, todos los amigos de los cuatro valientes se levantan y se van al fondo del vagón.
Venga, héroe gordo. Dejemos de hablar. Venga, acércate.
El niño-gordo no puede dejar de mirar fijamente el destornillador de medio metro, mientras su piel se torna más blanca que la nieve que cubre la ciudad. Todos empalidecen.
Eso pensaba, eso pensaba. Luego soy yo el pedazo de mierda.
Llegamos a la siguiente estación. El sin techo, calmadamente, se guarda su destornillador, coge su cubo-hogar y se apea. Mientras las puertas se cierran, desde dentro, el niño-gordo se acerca y le grita un
¡Tu madre es una puta!
Y solo puedes pensar un No chaval, ya no, ni lo intentes, ya no…
Inevitablemente, te pasas el resto del trayecto perdido en tus historias. Como siempre, la cabeza llena de mil pensamientos, y una vaga sensación de tristeza. Que imbeciles somos todos.
Pequeños momentos, 1
Por algún motivo, esta nevando la de Dios, últimamente. De vez en cuando incluso sale en las noticias en el otro lado del charco. Será que la cosa va en serio ¿No?
Pero si le prestas atención, como siempre, la ciudad, como cualquier ciudad del mundo, de vez en cuando te regala algunos guiños curiosos.
Así que cae esta especie de agua-nieve agónica. Te pasas la mañana en la calle, por algún motivo te has levantado especialmente temprano y has ido a hacer recados, a buscar cosillas y a pasear un poco.
Y al terminar, coges el metro de regreso a casa. Es en el andén subterráneo del metro, ese metro tan característico de Nueva York, donde se sucede la escena. En el metro, las temperaturas tienen un comportamiento un tanto bizarro; bien puedes estar a unos buenos 25 grados como pueden haber diminutas clapas de hielo en el peor de los días. Los raíles siempre están llenos de agua; agua circulando, en realidad. Iluminación, olores y texturas subterráneas en cualquiera de los casos.
Así que, al esperar el metro, ves por la rabadilla del ojo algo extraño, algo que no eres completamente capaz de identificar. Te fijas mejor, y te das cuenta de que, lo que sucede, es que esta nevando en las vías.
El metro de Nueva York tiene muchos agujeros de ventilación, rejas que dan directamente al asfalto o a la acera de la calle. Y hoy, ahora, es el momento perfecto como para que la luz entre directamente por esa reja lejana, dejando entrar un débil rayo de luz blanca, y no la tétrica luz amarillenta subterránea, generando un precioso juego de luces. Y atravesando perfectamente ese rayo de luz, enormes copos de nieve caen del techo hacia las vías mojadas y sucias donde las ratas se pelean por los tropezones de mierda que hay entre los raíles.
Mientras esperas el metro, sonríes mirando como nieva en estos túneles horribles que atraviesan la ciudad bajo tierra, como arterias llenas de colesterol, como un hormiguero plagado de hormigas epilépticas. Aunque racionalmente entiendes porqué está nevando bajo tierra, la escena tiene un algo de surreal, de mágico, que te arranca esa fugaz sonrisa. Un pequeño guiño cualquiera que, si prestas atención, la ciudad te ha vuelto a regalar.
Snow time, again
Porqué no te enteraste. No, nadie te mandó el mail ni mensaje ni nada de nothing, así que creías que tenías clase igualmente.
Pero resulta que cancelaron las clases por la tormenta de nieve.
La verdad, bastante espectacular. Aunque, después de que Washington DC quedara colapsado, enterrado bajo cincuenta metros de nieve, con centenares de millones de muertos por congelación, pequeñas comunidades sobreviviendo en túneles escavados bajo la nieve y recurriendo al canibalismo masivo, y nosequemás… pues esperabas que fuera peor. Como consecuencia, te diste cuenta de que, a veces, es mejor seguir las noticias a dejar que la gente te cuente qué esta pasando en el mundo. Tú siempre tuviste una imaginación hiperexcitada y enfermiza, así que una percepción de la realidad de segunda mano, junto a tu modo particular de procesar esa información, convierten el mundo en un lugar mucho más interesante y entretenido, pero menos realista.
Así que la nieve llegó, una vez más y en plan serio, a Nueva York. Ni pagándote saldrías de casa para ir a clase, con el frío y la que estaba cayendo fuera… Pero cómicamente, te están pagando por ello, así que saliste de casa para ir a clase, con el frío y la que estaba cayendo fuera…
Y de camino te encuentras a la lesbiana y la loca coreana revolcándose, literalmente, en la nieve de la plaza central de Columbia.
- ¿Pero, donde vas?
- A clase, a clase, voy tarde, hablamos
- Que no hay clase, que después de las 3 también cancelaron las del Campus central
No te lo creíste y fuiste a clase. A esa clase que, obviamente, habían cancelado.
En realidad, agradeciste, una vez en la calle, con los huesos helados y la piel pegada a la ropa empapada, el haber tenido una excusa para salir. El panorama lo merecía. Americanos locos tirándose por los 30 metros de las escaleras de la antigua biblioteca, con cartones y plásticos y demás. Guerras y guerrillas organizadas de bolas de nieve. Imaginas que, incluso los estudiantes pijos de familias adineradas tienen su derecho constitucional como ciudadanos americanos a sus “horas de guerra” anuales. Al fin y al cabo, debe de ser un tema genético, inevitable. Y, como bien se sabe, los ricos no van a las guerras de verdad, porque resulta que allí la gente muere y mata de verdad. Así que, como sucedáneo, se organizan espontánea y masivamente y montan guerras de nieve, con búnkeres, trincheras y demás. Bastante espectacular.
Luego fuiste a imprimir unas cosas a la biblioteca, la “nueva”, la de verdad. Además de diversos muñecos de nieve, algunos de ellos muy ingeniosos y otros espectaculares solo por sus dimensiones (nunca antes viste un muñeco de nieve de 4,5 metros), encuentras a otro enfermo mental. Delante de la puerta de la universidad, un tipo coreano tiene un molde y una sierra. Te acercas. También tiene un iglú. Un iglú de verdad, con ladrillos de hielo, y demás.
-Perdona, ¿esto es in iglú?
- Ehh… Si, si
- ¿Cuanto llevas haciéndolo?
- Unas 4 horas, creo que en 5 más lo terminaré
- Eh… pero que Es Un Iglú de verdad… Errr.. Vaya… Vale, venga, suerte.
Te lo quedas mirando 10 minutos mas, al tipo y a su iglú. Par de huevos, si señor, en medio de la biblioteca: un iglú. Fueras menos perro y tal, te hubiera gustado hacerlo tú.
Pero una vez más, empezaste a sospechar que el recuento de espermatozoides en tus cojones estaba disminuyendo preocupantemente por congelación. Tranquilamente, con la calma, y disfrutando del paisaje, volviste hacia el calor de tu casa, a disfrutar de la nevada desde tu ventana a la calle.
Bonito, y Frio.

Roommate Search; Episode Two – Alison
Parece que otro modo de llegar a conocer un poco la ciudad, la cultura y lo que mueve a este país es esto de buscar habitación. Uno se encuentra expuesto, durante un instante muy intimo, a personas y a sus historias. Al fin y al cabo, cambiarse de casa puede ser, para muchos, un punto de inflexión. Si, vale, de acuerdo, muchas veces es simplemente una elección relativamente normal. Pero otras veces, otras veces son los eventos, esa consecución de eventos completamente aleatoria (o no) de la vida, los que te llevan a cambiar tu lugar de residencia. Es esencialmente otro cambio más, con todo lo que cambio puede significar o implicar.
Alison llegó un día X a visitar tu apartamento, para ver la habitación. Y dices un día X porque últimamente te cuesta muchísimo llevar la cuenta de los días y las horas pasadas. Los recuerdos se están mezclando bizarramente durante esta última temporada. Pero bueno, eso es parte de otra historia. Así que digamos que Alison vino a visitar el piso en algún momento de esta semana, a principios… o bien a finales de la semana anterior. Al fin y al cabo, no supone ninguna diferencia, ¿verdad?
Alison podía tener unos 30 años. En realidad, quizás tenía 45 o más. Pero por la conversación y tal, intuiste unos 30, si, 30 serían. Es lo que pasa con la gente extremadamente delgada y demacrada, que con los criterios que aplicamos en nuestro “primer mundo”, cuando la vida te pega de hostias resulta que envejeces dentro de los parámetros del entorno en el que vives. Y esta chica, otra cosa no, pero lo que es delgada, lo está con ganas.
Alison era dulce, muy dulce… seguramente demasiado dulce, se lo viste desde el principio. No se puede ser así, no. Se necesita la dosis justa, y solo esa, de cinismo, de relativismo, de desapego, de distancia; se puede incluso ir escaso, nunca en exceso... Pero si te falta, el mundo te pisa y se te come poco a poco; parece que te coma las entrañas, de dentro hacia fuera, pero en realidad se te esta comiendo el alma. Lo curioso es que en general, las herramientas que tiene el mundo para hacer tal cosa son los hombres que lo habitan. Al fin y al cabo, el hombre comido, pisado y destruido por el hombre. Pero bueno ¿Que te voy a contar?
- Si, mira, yo era astrofísica en California. Si… No. Si. Estudié Undergraduate allí, y trabajé en un observatorio, investigación sobretodo. Bueno, era interesante, y era bastante buena en ello. Pero la verdad es que lo que a mi me gustaba era el arte y pintar.
Un par de días más tarde, Alison te mandaría un link para ver fotos de sus dibujos. Le responderías muy amablemente “que bonitos ¿realmente los has hecho tu? Muy bonitos, si señor”. No cuesta nada ser amable, y menos con un personaje así… pero por dios, que los dibujos eran una mierda pinchá nun palo ¿eh?
- Luego vine aquí. Estudié Arte en Columbia e iba haciendo cosas aquí y allí. En general becada… Hasta que tuve problemas con la beca. Ahora estoy con una amiga, pero es que se ha casado, viene San Valentín, y te das cuenta que igual necesitan su espacio. Por eso ando buscando piso.
- Como estudié en Columbia, bueno, me gusta el barrio y llevo aquí 5 años, la idea es quedarme. La verdad es que ahora estoy estudiando en NYU, en el centro, ¿sabes? pero es demasiado caro vivir allí abajo.
Como a todos, la tienes delante, sorbiendo el café que le has servido… como a todos. En medio también te cuenta que creció entre Roma y Estados Unidos. De hecho, charláis un rato también en italiano, y te habla maravillas de España y Barcelona.
- Lo que pasa es que, bueno, como tuve problemas con la beca y la termine perdiendo… claro, el caso es que, aunque los de la beca no te paguen a ti, tú tienes que seguir pagando los cursos y créditos y demás… Ya sabes como va eso.
Columbia pueden llegar a ser 45.000 dólares semestre, o más, según qué facultad sea.
- Llevo años pagando deudas, y por eso busco un sitio barato. A ver, si entrara este mes… No se, supongo que podría pagarte 700 (el piso estaba a 975), al fin y al cabo ya han sido muchos los meses en los que he pasado a base de arroz y poco mas… Bueno, ya ves que estoy delgada… Yo no era así, antes, no… lo que pasa es que, bueno, tengo que ir pagando las deudas con lo poco que voy consiguiendo, y las sobras de las sobras, pues bueno, para comer. A partir del mes que viene ya pagaría más, claro. Es solo que ahora no lo tengo, no tengo ni los 700, debería pedirlos adelantados….
En cualquier caso, le comentaste amablemente Mira, me sabe mal de verdad… No puedo bajar el precio. Igual 25 o 50 dólares, pero tampoco harían tanta diferencia… al fin y al cabo, si no ya soy yo quien pierde dinero Además, tu me estas hablando de números y alquileres, pero es que ni siquiera tienes en cuenta los gastos que no están incluidos en el alquiler…
- Pero bueno, en Setiembre en principio me dan una beca que me daría como 1500 dólares al mes… Y a parte de este mes… No se, supongo que podría llegar a pagar algo así como 850 o 900 mensuales. Ya me buscaría un segundo - tercer trabajo, así puedo pagar deudas y alquiler. Con la comida ya me he acostumbrado, así que… Y a partir de setiembre…
- Nono, no me malinterpretes. Mira, es fácil. Digamos que cada día, cuando llegaras a casa, tendrías tu comida lista. Para ti o todos los que fuerais. Solo tienes que decirme que quieres, yo te cocinaría cada día. Ya te he dicho que soy italiana, cocino bien… Aunque tu eres español, me imagino que ya sabes cocinar y eso…
- Es que tu no sabes que es tener hambre siempre... Y el arroz, cosas así…
- No se, no se me ocurre…
- Ah! También haría la limpieza. Quiero decir Toda La Limpieza, todos los días. Tendrías el lavabo y la cocina permanentemente limpios. Y el salón. Y si quisieras te barrería el salón y tu habitación cuando no estuvieras. No se…
Y bueno, ya nos hacemos un poco todos a la idea ¿No? No, yo creo que no nos hacemos a la puta idea. No me haces a la idea tú que vives aquí y les conoces en persona, ¿Como nos vamos a hacer a la idea todos en general? Pierdes una beca y tu vida queda sacrificada durante un montón de años… y para tus adentros, piensas “pues joder, los 800 pavos anuales de la UAB, pues igual no eran una barbaridad, al fin y al cabo”. Luego piensas en una historia relativamente frecuente en los Estados Unidos. Simple. Un Cáncer. Digamos un cáncer de mama, uno común, fácilmente detectable en fases iniciales, tratable y sin más complicación. Ok, hasta aquí todos contentos. Lo que pasa es que ese tratamiento, se paga. Se paga si no tienes seguro, si tu seguro no lo cubre, o si simplemente se niega a pagarlo. Y se paga a cientos de miles de dólares. O dicho de otro modo, sobrevives al cáncer y lo que te queda es sobrevivir al resto de tu vida, eso si no vienes de familia adinerada, muy adinerada. Pero bueno. No nos podemos, ni podremos nunca, hacernos a la idea de lo que es vivir en El País De Las Oportunidades.
Es bastante impensable, bastante improbable en Barcelona, en España, que coño, en Europa en general, que una estudiante; una persona, quizás no brillante, pero si decente, capaz y encantadora, se encuentre en una situación similar por motivos remotamente similares.
Cuando Alison se fue, te dejó el corazón un tanto encogido. Una semana después te escribió un mail. No es tan bonito, ni tan limpio, ni tan bien situado… No me gusta mucho, pero al final he encontrado un sitio por 675 dólares. Por lo menos un lugar donde vivir “mientrastanto”. Gracias por el café, estaba riquísimo, ya te escribiré, si quieres, si montamos alguna exposición en la NYU. Mucha suerte. Alison. Le escribes una breve respuesta deseándole toda la suerte del mundo, de corazón.
Vuelves a colgar el anuncio, un día más, en internet.
Al fin y al cabo, todavía no has encontrado compañero de piso.
Roommate Search; Episode One – Paul
Anuncio colgado en Internet. Habitación pequeña en piso de dos habitaciones, compartido con estudiante graduado de Barcelona. Está colgado en craigslist.com, el equivalente yanki de loquo.com. También en la pagina de alojamientos universitarios, también en el servicio de correo de la universidad… De hecho, si os pasearais lo suficiente, también lo veríais colgado en la biblioteca, o en la facultad de Filosofía, o de Cine, o de Letras, o de… bien, que ya nos entendemos, ¿no?
De momento, durante las últimas dos semanas o porai, se han ido pasando diversos personajes por tu casa. La habitación realmente es más bien pequeñaja, aunque el piso es encantador. También es importante tener en cuenta la puerta que hay en la habitación. Si, hombre, esa puerta que, si la abres, te lleva a la maravillosa habitación de la caldera. Pero bueno, ¿que más quieres? Es una habitación “con energías”, como dirían esos tarados del Feng Shui, ¿no? Que todo es verle el lado positivo a las cosas, todo es ponerse.
Pero lo más curioso de todo ello es la experiencia antropológica, humana. Debería hacerse un libro, algo así como “Sobre quién vino a ver la habitación en alquiler”.
Y es que todavía te acuerdas de Paul. Te llamó por teléfono, el tipo. “Hola, que tal, si, mira, llamaba por la habitación, ¿cuando podría verla?”. Te da una sensación rara, la voz misma, por teléfono. Pero qué coño, al fin y al cabo, necesitas colocar la habitación si o si, y temprano. “Mira, pasa cuando quieras”.
En general, lo que haces es meterte a quien quiera ver la habitación en casa, le enseñas todo un poco (al fin y al cabo son menos de 50 metros cuadrados, que se hace en medio momento) y te paras a charlar. “Oye, ¿quieres un café? Voy a hacerlo de todos modos”. Os tomáis un café juntos, que la casa es pequeña, que es un año entero, y al fin y al cabo quieres sentirte cómodo con quien te toque vivir. Más o menos lógico, ¿no?
Pues bueno, a lo que íbamos, que viene Paul. Paul llama al timbre. “Sube, sube”. Paul llama a la puerta. Abres y le sueltas el más amable “Hola, que tal, pasa, pasa”. Así que Paul es un negro de dos metros, monstruosamente grande, calvo, de 55 años, con cara de tarado. “Hola, soy Paul, encantado”. Y de repente entiendes qué es lo que no te cuadraba por teléfono. Paul es un bujarrón. De hecho, tal como dice “encantado” te esta haciendo morritos sugerentes. Cagontó… al que te conoce, sabe lo que quieres decir con bujarrón: no tiene nada que ver con homosexualidad, ni con quien te gusta acostarte ni tus preferencias ni nada. Es una actitud, un modo de expresarse, comunicarse y relacionarse con el mundo. Y Paul es, ante todo, un bujarrón.
“Mira, esta es la habitación, ¿Qué te parece?” El tipo se pasea por la casa, va mirando cosas, rincones, va comentando. Te das cuenta que lo de bujarrón es síntoma de algo más profundo, más intenso. Mentalmente surge uno de esos peligrosísimos de perdidos al río, o lo que sea. Casi te ríes un poco. “Oye, voy a hacer café, ¿quieres un poco?”
No amigos, lo que le pasaba a Paul es que realmente estaba tarado. Entendámonos, no es un modo de hablar, es que Paul estaba como una puta regadera.
-Verás, es que trabajo a tiempo completo y estudio a tiempo completo.
- Vaya, eso está muy bien Paul, y ¿que estudias y de que trabajas?
- No mira, bueno, trabajo para una firma de altas tecnologías, soy jefe de departamento, como un ingeniero técnico de rango muy elevado, ¿sabes?
- Que interesante, ¿no?
Blablabla
Anda, mira por donde, Paul es un ingeniero. Un tipo potente, ¿no? También puede ser, que coño. Para tus adentros piensas que, antes de Nueva York, llevabas tres años trabajando con gente que realmente estaba muy mal del tarro, así que decides charlar tu ratejo con Paul. Entretenido estarás. Y Paul, otra cosa no, pero charlar charla, el tipo.
- Blablabla, porque claro, en la firma donde estoy ahora de ejecutivo, se ven muchos casos de, ya me entiendes, la naturaleza humana y demás. La gente, que es como es.
- Si Paul, que razón tienes, que razón tienes. Y dime ¿Qué firma es, exactamente?
- Es un importante gabinete de abogados, que está en Wall Street. ¿Sabes? Trabajo con ellos como asesor jurídico. Es un curro bastante difícil.
- Ya me imagino, ya…
Todo el discurso en si era como muy disperso, muy disgregado en general, mientras el tipo iba haciéndote poses, gestos sugerentes y demás. Como has dejado claro antes, hay detalles para llenar medio libro: que vida más interesante la de Paul. No llegaste a saber que era lo que estudiaba a tiempo completo, pero si supiste que tenía cuatro trabajos distintos… A tiempo completo. Y no bromas de trabajo, no; trabajos serios, de “altos rangos”. Bravo, Paul. ¿El toque final? Paul también te contó como era Nueva York, sobretodo Harlem, cuando el era joven. Y es que cuando Paul era joven, Paul era bailarín en Broadway. Poca broma ¿eh?
Curiosamente, lo de bailarín es de lo poco que podrías llegar a creerte de ese tipo.
Os termináis el café, termináis la conversación y os despedís. Lo último que verás de Paul será su cara, su mirada un tanto triste. Para tus adentros piensas Lo siento Paul, pero creo que hoy no vas a mojar…
Pero no te preocupas. Al fin y al cabo, sigues sin compañero de piso. Seguirán las visitas de personajes bizarros, el festival de actores secundarios en una película de serie B, la película de tu vida.
Equilibrio mundial v1.2
Continued:
-si, vivo aquí-
Domingo y la mujer se miran. La mujer suelta un:
-Curioso, porque es el unico edificio de la manzana que no llevamos nosotros-
No acabas de entender a que se refieren.
- Bueno, te esperamos aquí y vamos a por el sofá-
Y tu y tu amiga entráis y dejáis las piezas de la mesa en el suelo del comedor. Seguís sin entender muy bien que pasa del todo, pero esa pareja de personajes siguen abajo, esperándoos. Bajáis.
- bien, el sofá está en el otro extremo del bloque. Es un tercero sin ascensor, ya veréis-
Seguís a Domingo en dirección opuesta de la manzana de donde salió la mesa. Llegáis a un edificio y realmente subís a un tercero. Allí hay un par de obreros que están terminando de enyesar y empezando a pintar un bonito piso de dos habitaciones. En el comedor, arrinconados, hay un par de muebles y en medio, apenas cubierto por papeles, hay un enorme sofá de tres plazas, algo sucio y polvoriento, pero prácticamente nuevo. Te lo miras, te lo remiras, y te das cuenta de que cabrias en ese sofá tumbado sin que tu cabeza ni pies tocaran ninguno de los respaldos.
- ¿Que te parece? ¿Lo quieres? -
- Errr-
- Es que si no lo quieres, para pintar, molesta… Así que vamos a romperlo en pedazos para bajarlo mejor a la calle y tirarlo –
- No, no. Vamos, que si, que lo quiero –
Miras a tu amiga. Metro cincuenta como mucho, seguro que no llega a los 40 quilos. De hecho, probablemente el sofá pese el doble que ella, contando el colchón y la estructura metálica que contiene. Al momento decides llamar a un amigo, a ver si está cerca, a ver si puede ayudar. Si no, en breve empezarán a cargarse el sofá.
- chico, chico. Estas sillas están muy bien, ¿las quieres? -
¿Más cosas? En realidad, son dos sillas rojas de Ikea, exactamente a juego con dos negras que ya tengo en casa, y que irían a juego de puta madre con la mesa y esas cuatro sillas.
- De hecho, si dices que no quieres muebles… ¿quieres mirarte el piso de arriba?-
From lost to the river. Sigues a la mujer hacia el piso de arriba mientras tu amigo llega. Abre la puerta del piso y te deja pasar primero.
Escena:
Un piso de mujer mayor, digamos unos 75 años, completamente mueblado, con sus mesillas, sus cómodas, sus cuadros, sus cacharritos. A modo de ejemplo, te quedas ensimismado con un enorme sofá, estilo colonial del 19th, bastante espectacular… Vas mirando, y de hecho queda todavía la ropa en el armario, las sabanas y la colcha encima de la cama. Es mas, todavía quedan los cacharros de la cocina por limpiar, todavía hay comida dentro de los armarios. Solo un par o tres de muebles arrastrados o fuera de lugar, un par o tres de cacharros aquí y allá demuestran que algo no va bien en ese piso.
La cadena de pensamientos es simple. Un piso de mujer mayor, todo está dentro todavía. Ellos son los que “llevan” los bloques de la manzana. Un piso de mujer mayor… Una mujer mayor que se ha muerto, que nadie ha reclamado sus cosas porque no tenía a nadie, no tenia nada más que ese piso. Una especie de escalofrió te recorre la espalda, te das cuenta que no estás en una casa, estas en un hogar, porque no ha podido dejar de serlo, la mujer no se fue del piso, la mujer murió en el piso.
Después de eso, ves una alfombra nueva que quedaría la mar de bien en tu casa. Así que coges la alfombra. Antes de que puedas mirarte nada más, tu amigo llega.
Y esta pareja de personajes trabajan para la inmobiliaria, la agencia que lleva los bloques de la manzana… menos el tuyo. Y antes que tirar muebles nuevos o apenas usados (el sofá tiene menos de 6 meses, me aseguran) pues se los dan a un grupo de chavales. Al fin y al cabo, menos trastos que tendrán que cargar ellos mismos, o gente a la que no tendrán que contratar para vaciar el apartamento.
- Oye, oye, vete a mirar el piso de arriba, vas a flipar. Cógete lo que quieras para tu piso-
- No necesito nada. Ya lo tengo amueblado, hombre-
- vale, lo que quieras. Vete a mirarlo solo por la curiosidad de verlo-
Le digo a la mujer si mi amigo puede mirar el piso, y ella asiente.
- en 2 minutos estoy de vuelta-
Y en 10 minutos regresa con un espejo de cuerpo entero y una mesita para revistas y demás, sonriente y sorprendido.
- Si, la verdad, tenia que verlo… bastante espectacular-
Finalmente os enfrentáis al sofá. Una bestia, una mole. Le prometiste a tu amigo que en 5 o 10 minutos lo tendríais hecho. Al fin y al cabo, solo serían unos 20 metros hasta tu casa. Después de accidentes, de atascar el sofá en las escaleras de ese edificio, de atascarlo otra vez en el tuyo, de cruzarte con el casero mientras arrancáis el yeso de las paredes, que salgan y entren personas, de tener que –finalmente- desmontar todo el sofá, la cama y demás por piezas… 3 horas más tarde, tu amigo se marcha y tu le preparas un desayuno-comida, un plato de pasta a las 9 de la noche a la amiga con la que quedaste para comer.
Al día siguiente pasaste a recoger las dos sillas rojas.
Recuento final: un espejo, una mesita, una mesa para comedor, una alfombra, un sofá cama, una lámpara y dos sillas. Si no hubieras tardado 3 horas de sofá o no hubieras quedado para comer, sería todavía más… pero al fin y al cabo, ahora si, ahora ya empiezas a tener un piso mínimamente amueblado.
Y todo porque una pareja de manag
ers de apartamentos decidieron que era mejor no tirar muebles nuevos si unos jovencillos los querían. Parece lógico, pero a día de hoy, no se hace. Estás seguro de que los libritos de autoayuda, de energías, de equilibrio, del alma humana y demás pajas mentales no tratan de cómo asaltar pisos de viejecillas recién muertas para quedarse sus muebles… pero a ti, después de eso, sigue quedándote una sensación de equilibrio mundial, universal… Las cosas fluyen y se reutilizan y una vieja te ha dado su alfombra desde la tumba y tu se lo agradeces y bla bla bla
