Road Trip
Miras atrás y recuerdas. Flashes bizarros, mezclados y sin sentido. Una sonrisa medio melancólica en el rostro…
Y días atrás: Un avión.
Aterrizas en Los Ángeles, te esperan con una furgoneta o pick up, una mierda maravillosa de cacharro.
¿De donde la habéis sacado?
Nada, lo hemos alquilado en “Rent a Wreck”
Haces memoria. Wreck significa, literalmente, “siniestrado”, o en otras palabras, “chatarra”.
Todo cuadra. “No salgáis de Los Angeles, no hagáis más de 100 millas” es una de las pocas condiciones de la compañía. Ni nosotros sabíamos que haríamos como 5.000 km.
Salimos directos del aeropuerto de Los Ángeles, sin parar, dirección a Las Vegas.
Montañas en el horizonte, tremendos desiertos inmensos… durante infinitas horas al volante.
California, Arizona, Nevada.
Dos millones de horas después, doscientas gilipolleces más tarde, y unas cuantas cervezas detrás llegamos a Las Vegas.
Luces, colores, casinos y prostitutas.
Y una mujer de 55 años (y de silicona) que quiere sexo con nosotros. Gratis. Con los tres al mismo tiempo. Dos horas más tarde, ante nuestra falta de interés, intenta violarnos.
Sin más remedio, la dejamos abandonada en un club de striptease. Corremos por las calles, huyendo.
Máximo de cuatro horas de sueño de media, los días pasan, la realidad se difumina y todo va perdiendo lentamente el sentido, pero se vuelve mucho más divertido.
Piscinas en hoteles, tomando cervezas y mirando a asquerosas mujeres de plástico y hombres de mentira. Más casinos, más luces, más ludópata y enfermos en general, y una extraña sensación de tristeza que sigue creciendo desde el mismo momento en que pisaste la ciudad. La decadencia del hombre reflejada perfectamente en unos pocos kilómetros cuadrados.
Decidís coger el coche completamente privados de sueño y huir de esa mierda de infierno de ciudad. Y también decidís que, que coño, a Los Ángeles se va su puta madre.
Zorrollentas horas después, y tras perderos por más (bellísimos) desiertos, se abre justo delante vuestro. De repente, tus piernas fallan, un cosquilleo y una sensación aberrante te invade, no tanto en las piernas si no en el estómago y en el alma. Visceral. Tras hora y media contemplándolo, paseando arriba y abajo, no consigues que se vaya. Por algún motivo el Gran Cañón es una de las siete (¿Son siete?) maravillas. Y tras ese rato, si, ahora si, tenéis que regresar a los Ángeles. Y de reojo, apartándote de allí, no puedes dejar de pensar que es un decorado, que no es real, que, simplemente, “es demasiado”.
Imágenes y recuerdos fugaces.
120 km por hora en una carretera en medio del desierto, a las 2 de la mañana, camino de Los Ángeles. Una explosión. Ruidos sospechosos pero, sobretodo, alarmantes. Miras al que conduce, esta completamente pálido, congelado.
¡¡PERO PARA EL COCHE!!!!
Enfermizamente tranquilo y sereno: No puedo… no tenemos dirección…
Circuláis a 120km por hora, en medio de la puta nada, en una pick up sin dirección. La misma inercia, o la sagrada mano de Dios, hacen que el coche siga en línea recta. Aparcáis unos metros más allá, en la cuneta.
Abres el capó. El radiador, es decir, el ventilador del radiador, se ha roto. No, el EJE del ventilador se ha roto en marcha. El ventilador ha salido volando dentro del capó, cortando todo lo que encontraba, mientras el coche seguía a 120km hora. O dicho de otro modo, estáis a 150km de Los Ángeles y a tomar pol culo de cualquier punto civilizado.
El conductor se vuelve loco. “no salgáis de los Ángeles, no mas de 100 millas”
Se pone a correr por la carretera en busca de alguien, o algo.
¿quieres un cigarro?
Tu y el otro, fumando, vislumbráis algo en medio del desierto. La luz de la luna ayuda. Y entonces te cagas en la madre que te parió. Un campamento de caravanas medio abandonado. Y puedes imaginar a los seres estilo “matanza de tejas” que han sido engendrados allí tras años de cruces endogámicos clásicos de la Arizona profunda, solo esperando a que vayáis allí a “pedir ayuda”.
Del medio del desierto surgen cuatro focos.
Un coche de policía se queda mirando a este par de chavales jóvenes, con pinta de mejicanos, con una pick up con mochilas y pintas sospechosa. Los dos salen con linternas como focos, quemándoos las caras, y aguantando ambos sus pistolas en la cintura, “por si acaso”.
Les cuentas que pasó. Te miran sospechoso. Les enseñas lo que hay dentro del capó… y se ríen de ti en tu cara. No, señor agente, el coche no es nuestro, es alquilado en rent-a-wreck… Y aquí, el señor agente se descojona en vuestros jetos.
De la nada surge el que se marchó corriendo. Manos en la cintura, empuñando pistolas, ambos focos caen sobre el amigo… y el amigo, con los brazos en alto y el ojete bien apretado. Señor agente, este era el conductor… y parece que la cosa se relaja.
Un tanto después, un camión monstruosamente grande llega a recoger vuestra camioneta (de mierda) y os lleva al pueblo más cercano (20km). Son las cuatro de la mañana. Dormís en un motel.
Llamáis a la compañía a las 8 de la mañana… Si, si, tendremos un coche allí para vosotros en 2 o 3 horas… Como era de esperar, llegaron a las 7 de la tarde.
En el pueblo hay un starbucks. Y un Wendys. Y un Kentucky fried chiken. Y una gasolinera. Y un McDonals, y una base militar, y dos moteles… Y nada más.
Literal.
Pasáis 9 horas en el Starbucks mirando la carretera. Una convención de Harleys se celebraba a 2 pueblos. Teniendo en cuneta que estábais en la Ruta 66, técnicamente hablando, pues la cosa iba en serio. Bonito espectáculo.
Se os sienta un motero al lado. Ex convicto (en cárcel 3 veces), ex drogadicto (orgullosamente limpio por 2 años, ahora llevaba un grupo de drogatas anónimos en el pueblo), de oficio: pintar tanques del ejército. Pintoresco personaje, no lo creerías de no tenerlo al lado.
Consejos:
- Si habéis cruzado a la otra acera, y ahora estáis en esta, habéis visto todo, y quizás demasiado, de lo que es este pueblo de mierda (vivía allí, el tipo)
- Olvidaos de gordas o flacas o mierdas así. En este pueblo, una mujer esta buena si todavía conserva todos los dientes auténticos
- Si, ¿venís de las Vegas? Curioso sitio, curré allí un tiempo hasta que me echaron (…) NO VAYAIS A TIJUANA POR NADA DEL MUNDO (y sus ojos, de tipo que ha visto lo que nunca te atreverías a soñar, lo decían jodidamente en serio)
Etc…
A las putas siete pasadas de la tarde, tras unos cuantos brotes psicoticos, hijos de la insolación y el aburrimiento, nuestro coche llega.
Una limusina formato pequeño, “cortesía” de la empresa por las molestias. Blanca, con techo de ropa, con cristales ahumados. Completamente surrealista.
Seguimos nuestro Road Trip cruzando el desierto en limusina. La misma limusina por la que nos pasearíamos por Los Ángeles, con la que iríamos a Santa Mónica, donde termina la Ruta 66 para unirse con el mar.
Todo ello, en menos de cinco días.
Primer Road Trip de USA cumplido.
Un punto que se puede tachar de la lista.
Antipode Dreaming
Algunas noches, algunos días…
Algunas veces te descubres a ti mismo ensoñandote, pensado en desiertos inmensos, infinitos.
Piensas en una tierra roja y un cielo azules como no existen en ningún otro rincón del planeta, donde Dios se cansó de pintar y lanzó la paleta entera de colores genuinos.
Piensas en Canguros. Piensas en Koalas. Luego piensas en Canguros fornicando con Koalas, quizás creando una nueva raza de Kangalas, o Coaguros, o alguna mierda por el estilo. Piensas en como se organizarían luego en hordas de mutantes bizarros para arrasar con el mundo.
Piensas en bosques de eucaliptos, eternos, bosques de planta única, bosques que huelen como el armario ropero de demasiadas abuelas.
Sueñas con ver como los retretes giran al revés… Y te preguntas si te darías cuenta o simplemente tirar de la cadena viene a ser lo mismo en todo el globo terráqueo.
Intentas imaginar como debe ser un país donde la población original es una mezcla de aborígenes y descendientes de delincuentes.
Sueñas con un continente entero donde apenas habita, en si mismo, la mitad de la población total de toda España.
Y te despiertas de tu ensoñación y sigues la cuenta atrás, cruzas los dedos para que todo salga bien, para que nada lo mande todo a tomar pol culo, y para decidir si vas a hablar de Invierno o de Verano.
Fragmentos v1.0
Autobús de San Francisco a Los Ángeles.
Recién montado en el autobús. Hace tan solo un par de minutos que has dejado atrás la ciudad de San Francisco. Desde uno de los puentes que une la bahía, la entrelaza, como una tela tejida por una araña ciega y epiléptica, miras como la ciudad se aleja lentamente.
La verdad es que hace un tiempo de mierda, estás empapado, calado hasta los huesos… o siendo mas fieles a la realidad, hasta los cojones. El cristal esta empañado, así que intuyes el mundo a través de esas dioptrías nacidas de la condensación de agua. 
A pesar de ello, sonríes tristemente por dentro. Con todos sus defectos, que no son pocos, San Francisco se ha ganado tus respetos. Una de esas ciudades, con el tiempo cada vez más escasas, de las que te vas con un “coño, pues no me importaría vivir una temporada aquí”, en la cabeza.
Ejemplo: Vas y cruzas el semáforo en rojo. De hecho, lo cruzas sin darte cuenta de ello y un coche tiene que pararse para no arrollarte y terminar con tu insignificante existencia. Levantas la cabeza, sales de tu horrible universo de pajas mentales y descubres a un conductor sonriente y alegre, mirándote caminar como si fueras un niño experimentando con sus primeros pasos. En Nueva York ya hubieras muerto.
Una ciudad muy Europea, dicen… y esas cosas.
Por otro lado, lo único que hace es reforzar una vez más la idea de que los americanos tienen un concepto del ocio completamente distinto del español… hasta el punto de que no cumplen los criterios a los que tu estas acostumbrado para considerarlo siquiera ocio.
No es solo el hecho de que los locales cierren a las dos de la madrugada. No. No es solo eso. Te pasaste por una fraternidad (Zeta Ipsi, que broma de nombres), para ver que eran esas fiestas –American Pie-. Aguantaste allí unos 30 minutos y decidiste irte a dormir – deprimido. Igual simplemente te estás haciendo mayor…
Y, en el autobús, miras por la ventana empañada pensando y imaginando como coño serán Los Ángeles, aunque en realidad estarás allí tan solo 14 horas…
New Haven, Ciudad de Vacaciones
Después de tres semanas (¿son tres semanas?) llegan las primeras vacaciones. Después de trabajar tan dura y sacrificadamente, uno necesita un respiro (risas de fondo, el publico aplaude).
En realidad, dejando al margen pajas mentales varias, Nueva York realmente es una ciudad de ciudades, un mundo en si mismo. Hasta tal punto que te satura, te absorbe el dinero y el alma.
Por ello, con un par de compañeros, este sábado cogimos el tren hacia New Haven, Connecticut. Es la ciudad donde está Yale University. También es donde vive otro compañero becario. También es la ciudad con mayor índice de criminalidad, en los gettos, de todo el estado. También es la ciudad con las mentes más privilegiadas o mayores niños de papá en demasiados kilómetros a la redonda. También, que coño, es donde estudió Bush, padre e hijo. Ciudad de contrastes, imagino.
Huyendo de la Gran Manzana Urbana llegamos allí. Pasamos la primera noche inflando, por turnos, una cama de matrimonio de goma con una mancha para bicicletas. Eso une a la gente, imaginé. O quise pensar, después de la sudada, después de pensar que en el suelo no se duerme tan mal. Unas cervezas después, descubrí que probablemente la cama no era tan incomoda, y, dejado el cansancio atrás, se agradeció el colchón.
Hoy hemos ido a pasear mientras los otros dos trabajaban en casa. La zona que nos hemos pateado me ha parecido idílica… demasiado idílica. Una postal perfecta del pueblo perfecto. Allá donde vamos, es un constante confirmar todos los tópicos horribles que, desde los Simpson hasta Hollywood, nos han metido en la cabeza. De hecho, paseando, nos hemos parado en un “garden sale”, donde la familia pone los objetos a la venda en el jardín para que uno rebusque, escoja y regatee. Nos hemos comprado donuts y café en plan poli malo, etc…
Cuando ese par han acabado, ha venido una amiga del chico de Yale a recogernos en coche y hemos ido a la playica, a 30 min; un poco parecida al delta del Ebro, pero versión americana (queda clarísimo, ¿no?). Después de, una vez más, aceptar esa vena infantiloide que me invade a veces, me he dedicado a pescar con fiambreras unas medusas que plagaban el agua, pero que no picaban. Joder, como pimientos acuáticos, transparentes, y con luces tipo arco iris. Ríete tu del mediterráneo.
Hemos ido al centro a ver algunas instalaciones de la universidad (y lloras al verlas), a tomar algo, y para casa. La compañera de piso del amigo nos había hecho la cena. Y eso si que hacía llorar. Jamón serrano, queso de cabra curado, vino catalán, espaguetis de lujo, albóndigas con salsa mostaza y un peazo ensalada. Después de tres semanas comiendo mierda, que venga una americana y te cocine eso… pues cambia un poco la percepción de esta cultura y les amas de golpe.
A última hora, hemos decidido un par que volvíamos a la macro-manzana para dormir ya aquí y aprovechar el día de mañana. Después de llamar a la compañía de taxis insistiendo, amenazando, porque perdíamos el tren, el taxi apareció. Imagino que tener al cliente contento es una premisa en el mundo empresarial americano.
El amigo taxista ha violado la mayor parte de leyes, ya no federales, si no lógicas, de conducción que yo pueda conocer. Sobrepasando la velocidad máxima (de vez en cuando) y saltándose TODOS los semáforos, incluidos los de entrada y salida de la autovía, nos ha dejado 10 minutos antes de lo esperado en la estación.
Después de tan solo 24 horas de naturaleza, tranquilidad, arbolitos y ardillitas, calles vacías y silenciosas, casas bonitas (aunque extremadamente falsas) y sensación a ratos de estar casi en Port Aventura, tan solo me planteo cuando voy a volver. Hora y media de viaje y tan solo 28 dólares por limpiar la cabeza de ruido, humo, prisas y mierda urbana en general. El dilema es ¿Viaje mensual o bimensual?
