Equilibrio mundial v1.2
Continued:
-si, vivo aquí-
Domingo y la mujer se miran. La mujer suelta un:
-Curioso, porque es el unico edificio de la manzana que no llevamos nosotros-
No acabas de entender a que se refieren.
- Bueno, te esperamos aquí y vamos a por el sofá-
Y tu y tu amiga entráis y dejáis las piezas de la mesa en el suelo del comedor. Seguís sin entender muy bien que pasa del todo, pero esa pareja de personajes siguen abajo, esperándoos. Bajáis.
- bien, el sofá está en el otro extremo del bloque. Es un tercero sin ascensor, ya veréis-
Seguís a Domingo en dirección opuesta de la manzana de donde salió la mesa. Llegáis a un edificio y realmente subís a un tercero. Allí hay un par de obreros que están terminando de enyesar y empezando a pintar un bonito piso de dos habitaciones. En el comedor, arrinconados, hay un par de muebles y en medio, apenas cubierto por papeles, hay un enorme sofá de tres plazas, algo sucio y polvoriento, pero prácticamente nuevo. Te lo miras, te lo remiras, y te das cuenta de que cabrias en ese sofá tumbado sin que tu cabeza ni pies tocaran ninguno de los respaldos.
- ¿Que te parece? ¿Lo quieres? -
- Errr-
- Es que si no lo quieres, para pintar, molesta… Así que vamos a romperlo en pedazos para bajarlo mejor a la calle y tirarlo –
- No, no. Vamos, que si, que lo quiero –
Miras a tu amiga. Metro cincuenta como mucho, seguro que no llega a los 40 quilos. De hecho, probablemente el sofá pese el doble que ella, contando el colchón y la estructura metálica que contiene. Al momento decides llamar a un amigo, a ver si está cerca, a ver si puede ayudar. Si no, en breve empezarán a cargarse el sofá.
- chico, chico. Estas sillas están muy bien, ¿las quieres? -
¿Más cosas? En realidad, son dos sillas rojas de Ikea, exactamente a juego con dos negras que ya tengo en casa, y que irían a juego de puta madre con la mesa y esas cuatro sillas.
- De hecho, si dices que no quieres muebles… ¿quieres mirarte el piso de arriba?-
From lost to the river. Sigues a la mujer hacia el piso de arriba mientras tu amigo llega. Abre la puerta del piso y te deja pasar primero.
Escena:
Un piso de mujer mayor, digamos unos 75 años, completamente mueblado, con sus mesillas, sus cómodas, sus cuadros, sus cacharritos. A modo de ejemplo, te quedas ensimismado con un enorme sofá, estilo colonial del 19th, bastante espectacular… Vas mirando, y de hecho queda todavía la ropa en el armario, las sabanas y la colcha encima de la cama. Es mas, todavía quedan los cacharros de la cocina por limpiar, todavía hay comida dentro de los armarios. Solo un par o tres de muebles arrastrados o fuera de lugar, un par o tres de cacharros aquí y allá demuestran que algo no va bien en ese piso.
La cadena de pensamientos es simple. Un piso de mujer mayor, todo está dentro todavía. Ellos son los que “llevan” los bloques de la manzana. Un piso de mujer mayor… Una mujer mayor que se ha muerto, que nadie ha reclamado sus cosas porque no tenía a nadie, no tenia nada más que ese piso. Una especie de escalofrió te recorre la espalda, te das cuenta que no estás en una casa, estas en un hogar, porque no ha podido dejar de serlo, la mujer no se fue del piso, la mujer murió en el piso.
Después de eso, ves una alfombra nueva que quedaría la mar de bien en tu casa. Así que coges la alfombra. Antes de que puedas mirarte nada más, tu amigo llega.
Y esta pareja de personajes trabajan para la inmobiliaria, la agencia que lleva los bloques de la manzana… menos el tuyo. Y antes que tirar muebles nuevos o apenas usados (el sofá tiene menos de 6 meses, me aseguran) pues se los dan a un grupo de chavales. Al fin y al cabo, menos trastos que tendrán que cargar ellos mismos, o gente a la que no tendrán que contratar para vaciar el apartamento.
- Oye, oye, vete a mirar el piso de arriba, vas a flipar. Cógete lo que quieras para tu piso-
- No necesito nada. Ya lo tengo amueblado, hombre-
- vale, lo que quieras. Vete a mirarlo solo por la curiosidad de verlo-
Le digo a la mujer si mi amigo puede mirar el piso, y ella asiente.
- en 2 minutos estoy de vuelta-
Y en 10 minutos regresa con un espejo de cuerpo entero y una mesita para revistas y demás, sonriente y sorprendido.
- Si, la verdad, tenia que verlo… bastante espectacular-
Finalmente os enfrentáis al sofá. Una bestia, una mole. Le prometiste a tu amigo que en 5 o 10 minutos lo tendríais hecho. Al fin y al cabo, solo serían unos 20 metros hasta tu casa. Después de accidentes, de atascar el sofá en las escaleras de ese edificio, de atascarlo otra vez en el tuyo, de cruzarte con el casero mientras arrancáis el yeso de las paredes, que salgan y entren personas, de tener que –finalmente- desmontar todo el sofá, la cama y demás por piezas… 3 horas más tarde, tu amigo se marcha y tu le preparas un desayuno-comida, un plato de pasta a las 9 de la noche a la amiga con la que quedaste para comer.
Al día siguiente pasaste a recoger las dos sillas rojas.
Recuento final: un espejo, una mesita, una mesa para comedor, una alfombra, un sofá cama, una lámpara y dos sillas. Si no hubieras tardado 3 horas de sofá o no hubieras quedado para comer, sería todavía más… pero al fin y al cabo, ahora si, ahora ya empiezas a tener un piso mínimamente amueblado.
Y todo porque una pareja de manag
ers de apartamentos decidieron que era mejor no tirar muebles nuevos si unos jovencillos los querían. Parece lógico, pero a día de hoy, no se hace. Estás seguro de que los libritos de autoayuda, de energías, de equilibrio, del alma humana y demás pajas mentales no tratan de cómo asaltar pisos de viejecillas recién muertas para quedarse sus muebles… pero a ti, después de eso, sigue quedándote una sensación de equilibrio mundial, universal… Las cosas fluyen y se reutilizan y una vieja te ha dado su alfombra desde la tumba y tu se lo agradeces y bla bla bla
Equilibrio mundial v1.0
Hace unos meses, quizás años, porque en realidad no tienes ni idea, salió a la venda un librito titulado “El Secreto”. Te tomarás la libertad de proclamar alegremente “¡ese libro es una puta mierda, autentica basura!” aunque no te lo hayas leído. No hay cosa más bonita, más agradable y más noble que hablar de lo que uno no sabe por pura intuición. Y es que intuyes que ese es uno de esos libros “salvavidas”. Una versión moderna de esos libros de autoayuda, ahora más orientados a un “escucha, escúchame bien, que te voy a enseñar a vivir bien, te voy a salvar la vida, porque, cuidao, te voy a contar la verdad de las cosas”; eso le resulta más cercano al lector medio. Te da que será una versión más de “se bueno y las cosas te serán buenas”. Un tal Jesucristo acabó bastante mal por lo mismo, pero también se sacó un libro de ello que, con los años, se vendió bien. ¿No?
Bueno, toda esta diarrea mental la piensas como consecuencia del jueves. Un día extraño, como poco.
Contextualizando un poco: tienes un nuevo apartamento, pequeñín, en Harlem, sin amueblar. Llevas tus días comprando cosillas de segunda mano, y mirándote y remirándote las esquinas, de las que de vez en cuando sale una cajonera o algo parecido que algún alma desalmada -si, eso existe- ha abandonado. Has quedado con una amiga que viene a comer a casa, para ver el piso. Llega tarde; te has acercado a la universidad a imprimir un par de cosas, y de vuelta ves como delante de tu casa hay un montón de muebles en un estado ligeramente decente. Te paras a mirar. Un tipo que tienes visto del barrio, que siempre anda por allí, se te queda mirando como miras los muebles. Se genera una secuencia de miradas a dos. Ves una mesita hecha mierda y bastante cutre, te acercas, la coges y la sospesas.
Ingl: -Es una buena mesa, ¿eh? – oyes de fondo
-Eh… Si, si, es una buena mesa- le respondes al tipo
- cógela, hombre, es una buena mesa –
Esta hecha un asco, y no encaja para nada en tu piso.
- uhhh.. No, no, si solo estoy mirando los muebles -
- Pues más allá, en la esquina, hay muchos más-
- ¿Me estas tomando el pelo?-
- no hombre, vete y míralo-
Tu amiga todavía no responde al teléfono. Debe estar en el metro. Así que te acercas a la esquina y descubres que el personaje no mentía. Es más, te ha seguido. Hay una buena cantidad de co
sas, desde sofás de piel a cajones de plástico o una batería musical infantil. Mirándolo bien, hay una lámpara bastante chula. Coges la lámpara, y ves al tipo que tendrá unos cuarenta años, ahora al lado de una chica de edad similar. Sonríen y murmuran entre ellos.
Ingl: - La mesa era buena, ¿eh? Una buena mesa –
- Si, si, deberías cogerla-
- heee.. bueno, es que acabo de entrar en un piso y la verdad es que ando buscando cosas y demás, pero esa mesa, como que no…-
Se miran entre ellos y empiezan a hablar otra vez.
Ingl: - Una buena mesa, ¿eh?-
Te parece, tan solo te parece, que están hablando español.
Esp: - Perdonen, ¿estos muebles son suyos?-
- ¿Sorry?-
- Digo si los muebles son suyos-
Se miran entre ellos. Si, hablaban español. Pero ese español centroamericano y desarrollado en Nueva York, una mezcla bizarra muchas veces ininteligible. Y tu acento a veces resulta todavía más desconocido en esta ciudad. Habláis un rato, simplemente por amabilidad. La chica se interesa.
- así que buscas una mesa, ¿no? Nosotros tenemos una, ¿la quieres? Es un poco más grande que esa, más nueva y mejor
Tú ya has dejado de entender nada de nada. Absolutamente nada. Que coño:
- si, por mirármela no pierdo nada, ¿no?
Suena el teléfono. Tu amiga está en la estación esperándote. Son las 4 y pico de la tarde, ninguno de los dos ha comido nada.
- disculpen, tengo que irme, una amiga me está esperando en la estación-
- chico, chico. ¿Quieres un mueble?
¿Qué coño es un mueble? Señora, ¿Qué me está contando?
- ¿A que se refiere con “mueble?
- si hombre, para sentarse, pero se puede abrir y se hace para dormir
- ¿un sofá-cama?
- si, si, eso. ¿te interesa uno?
Hace una semana que andas buscando uno, has estado a punto de pagar 200 o 250 dólares por algunos que no te convencen. Pero tampoco entiendes muy bien a que viene todo esto.
- bueno, escuchen, voy a buscar a mi amiga, dejo la lámpara en casa, y regreso en un momento, ¿ok? 5 minutos y estoy aquí, ¿vale?
Recoges a tu amiga, le cuentas la situación… como puedes, porque no se aguanta mucho por ningún lado y al final te acompaña a ver la mesa.
La pareja sigue allí, esperando. Cuando llegáis, abren una puerta de rejas que lleva a unos bajos abiertos. Allí hay una puerta que lleva a un subterráneo. Calderas, botes de pintura, herramientas, cacharros, cosas rotas y cosas sucias. El tipo nos hace señas, nos acercamos y aparece una mesa de Ikea, nueva, sin montar. Plataforma de madera y 4 patas.
- ¿la quieres?-
- eehh… no se-
En realidad no lo sabes. Pero porque no sabes que está sucediendo. Son situaciones muy difícilmente reconocibles, es jodidillo. Tu amiga te mira con cara rara y cuando ese par se apartan un poco, de suelta.
- no seas idiota, cógela. La metes en el cuarto de invitados, o la guardas para alguien que la necesite-
Vale, bueno, vale, te la quedas. Dices que si, que de acuerdo, que te la llevas.
- Domingo, búscales a los chavales los clavos para las patas-
Y Domingo – así se llamaba el tipo- muy diligentemente se esconde en los rincones del subterráneo, saliendo con distintos tornillos de distintos tamaños para probar si funcionan para las patas.
- oiga, señora. Que son solo los clavos, que no hace falta-
- nada, nada, cuestan 4 o 5 dolares, ya te los doy yo. Domingo, ¿encuentras algo?-
- de verdad, que no hace falta, que ya los compraré-
Te miras a tu amiga, tu amiga te mira. No entendéis una mierda en general. Antes de que Domingo encuentre nada, empezáis a cargar tablón y patas. Salís y os dais cuenta de que tanto Domingo como la chica os están siguiendo. Sientes un escalofrío correr por la espalda, como si de repente toda la situación empezara a cuadrar. Ralentizas un poco la marcha, para ver que sucede. Nada, siguen detrás de ti. En cualquier caso, toda la acción se sucede en la misma manzana donde vives, así que no hay mucha más opción que llegar a casa. Subes al portal y abriendo la puerta, te giras a Domingo y sueltas un:
- Vale, vale, muchas gracias-
- Así que vives aquí ¿No? –
Domingo se queda estudiando el edificio, a ti y a tu amiga….
To be continued...
Fragmentos v1.0
Autobús de San Francisco a Los Ángeles.
Recién montado en el autobús. Hace tan solo un par de minutos que has dejado atrás la ciudad de San Francisco. Desde uno de los puentes que une la bahía, la entrelaza, como una tela tejida por una araña ciega y epiléptica, miras como la ciudad se aleja lentamente.
La verdad es que hace un tiempo de mierda, estás empapado, calado hasta los huesos… o siendo mas fieles a la realidad, hasta los cojones. El cristal esta empañado, así que intuyes el mundo a través de esas dioptrías nacidas de la condensación de agua. 
A pesar de ello, sonríes tristemente por dentro. Con todos sus defectos, que no son pocos, San Francisco se ha ganado tus respetos. Una de esas ciudades, con el tiempo cada vez más escasas, de las que te vas con un “coño, pues no me importaría vivir una temporada aquí”, en la cabeza.
Ejemplo: Vas y cruzas el semáforo en rojo. De hecho, lo cruzas sin darte cuenta de ello y un coche tiene que pararse para no arrollarte y terminar con tu insignificante existencia. Levantas la cabeza, sales de tu horrible universo de pajas mentales y descubres a un conductor sonriente y alegre, mirándote caminar como si fueras un niño experimentando con sus primeros pasos. En Nueva York ya hubieras muerto.
Una ciudad muy Europea, dicen… y esas cosas.
Por otro lado, lo único que hace es reforzar una vez más la idea de que los americanos tienen un concepto del ocio completamente distinto del español… hasta el punto de que no cumplen los criterios a los que tu estas acostumbrado para considerarlo siquiera ocio.
No es solo el hecho de que los locales cierren a las dos de la madrugada. No. No es solo eso. Te pasaste por una fraternidad (Zeta Ipsi, que broma de nombres), para ver que eran esas fiestas –American Pie-. Aguantaste allí unos 30 minutos y decidiste irte a dormir – deprimido. Igual simplemente te estás haciendo mayor…
Y, en el autobús, miras por la ventana empañada pensando y imaginando como coño serán Los Ángeles, aunque en realidad estarás allí tan solo 14 horas…