Hairdresser
El otro día, entre examen y examen, te dio la vena. Era una gilipollez como cualquier otra, pero decidiste que querías ir al peluquero, si señor, querías un buen corte de pelo.
Y, querido lector, pensarás ¿Qué coño tiene de raro ir al peluquero?
Bueno, es una gran experiencia después de algo así como diez años de autosuficiencia. Coger la maquina de esquilar, a veces con ayuda, a veces solo, y ale, trabajo hecho en 10 minutos. Renunciar a eso y, ya que se da la ocasión, probar nuevas sensaciones, experiencias extremas… ir al peluquero.
Así que, aun y sabiendo que la gente te considerará un loco, un inconsciente, cometes la osadía de acercarte al barbero. Tan solo llegar te das cuenta que, algo que parecía tan sencillo, está lleno, repleto de convenciones sociales a las que no estas acostumbrado…
-¿Tenia usted hora reservada?
Te das cuenta de que hay gente esperando.
- Ehhh… Uhm, verá, señora… No. Pero puedo volver mañana.
Las leyes no escritas del “ir al barbero”. Confuso, sales del local. Te tomas un café para recuperarte de la experiencia. Todo hay que decirlo, vas a la cafetería de al lado; tu meca, tu templo, tu campamento base, donde ya te conocen, ya te saludan y ya te invitan si tienen un buen día. Café a un dólar. Un pequeño regalo, solo para ti, amiguito, de esta gran ciudad.
Al rato, te das cuenta de que los clientes que estaban dentro del peluquero ya salieron, y no ha entrado nadie más. Te armas de valor.
- Ehhh, hola otra vez. No tendrá un hueco, un huequecillo por ahí, ¿verdad?
Y la tipa te mira como “y a este que le pasa…” pero te dice que te sientes. Como persona diligente, amable y poco amiga de los problemas que eres, te sientas y esperas. Curiosamente, la sensación que te invade es parecida a la de la sala de espera del dentista. Si que tienes las sillas delante, y ves todo lo que sucede... Pero todo tiene ese aire de acto social, de acontecimiento… un acontecimiento que no llega a lo extraño, pero que no resulta en ninguno de los casos extremadamente cotidiano. Una especie de anti-normalidad consensuada.

El rato pasa, hasta que una tipa de unos 50 años, que intuyes polaca, te dice que te acerques, que te sientes. Tímidamente… te acercas, y te sientas.
Te mira a los ojos, y luego empieza a escudriñarte el pelo. ¿Tendrás piojos? ¿Qué será tan interesante, allí arriba? ¿O simplemente la incipiente calvicie es extraordinaria para una cinquentañera polaca? Parece que, medio convencida, va a empezar. Así que saca algo así como una sabana, un mantel para la mesa, o algo parecido; se te acerca y te lo pone como si fuera un babero. Curioso como poco, piensas. Se queda mirándote, seria…
Bueno, que… ¿Cómo lo quieres?
¡La madre que la parió! ¿Señora, es usted o soy yo, el barbero?
Bueeno, verá… es que yo, la verdad… hace como… años, que no voy al barbero, ¿sabe?
Te mira, dudando de tu cordura.
Si, bien, es que me lo hacia yo solo, en casa…
Te mira peor que antes.
Bueno, mire, ¿ve la forma que tiene el pelo ahora? Pues más o menos lo mismo, pero en corto. Entiendame. Corto normal, no corto estilo “marine”. ¿sabe? Corto pero no muy corto. Como corto por los lados pero largo arriba ¿no? No se… ¿me entiende?
Te mira, entre confusa e intrigada. Es esa intriga del que se plantea si la persona que tiene delante esta simplemente confusa o es un completo gilipollas.
Bueno, puede coger la maquina de cortar pelo, ponerla al 3… o no se yo como será aquí en USA, y pasar la maquina… no se. ¿Cómo lo ve?
Digo, corto, pero no muy corto, vamos…
Coge la maquina y empieza a cortar. La sensación es muy rara. Te sientes como vulnerable, y cuando tu pelo recortado empieza a caer sobre tus hombros, y tu cuerpo queda cubierto por esa especie de mantel de mesa… te sientes violado. La falta de control sobre lo que le está pasando a tu rostro te asusta, pero bueno, no vas a quitarle la maquina a la mujer y a hacértelo tu mismo.
Termina con los laterales y coge unas tijeras. Ahora mismo tienes como una seta plantada en medio de la cabeza.
Señora, si quiere, puede hacerlo todo con la maquina.
Te mira, entre divertida, cansada y casi enfadada (por extraña que parezca la mezcla).
No, no voy a hacerlo con la maquina.
Decides que por algo le pagan por ser peluquera. Igual sabe lo que se hace.
Finalmente, de algún modo, terminas acostumbrándote.
10 minutos más tarde, sales a la calle con la cabellera bien fresquita, y sin ningún tipo de ironismo implícito, más contento que un niño con zapatos nuevos o un yonki con un kilo de jako. ¡Hoy has ido al peluquero, campeón!
October 27th, 2009 - 23:30
you’re so great.
October 27th, 2009 - 23:31
you are so great!
October 30th, 2009 - 03:07
You are so great indeed !! Jaja, F! Yo también fue a la peluquería hace poco después de otros 10 años de autosuficiencia, toda una experiencia.
Saludox !!
October 30th, 2009 - 11:30
ALEJANDROOOOW!!
alejandritow!