Sacar lo Máximo de lo Mínimo
Maravilloso insomnio del que salen maravillosas maravillas. Siempre.
Terminaste los exámenes, por llamarlos de algún modo, y más trabajos empezaron a aparecer, uno tras otro, uno tras otro. Take-home midterms, les llaman. Vamos, le llaman examen pero te lo llevas a casa, y te dan dos semanas, o una, o tres (o las que sean, ya nos entendimos, ¿verdad?) para completarlo, y luego los entregas. En Barcelona, si llegase un profesor y le llama examen a eso, nos reiríamos durante semanas. Pero bueno, al fin y al cabo, es más tute que uno se hecha a la espalda.
Así que, a partir de ese punto, decides relativizar. Relativizar todavía más, siendo realistas.
Decides celebrar el fin de exámenes coincidiendo con Halloween. Dices, es Halloween, no será para tanto, ¿No? Sabiendo que, con lo colgados que están esta gente, tiene que ser, como poco, una burrada. Y si, lo es. No hay comparación con ninguno de nuestros carnavales, y seguramente, como evento, lo más parecido sería el más desquiciado de nuestros “Fin de Año”. Zillones de personas en la calle, con las carrozas, todos disfrazados. Todos. ¡Todos! Así que subes al metro al lado de drácula, de una cheerleader, de un psicopata, de un cubo de rubic, sales a la calle y le pides la hora a Bill Gates, y así hasta la puta saciedad. En todas partes.
En realidad, dejando de lado que se dejan todo su dinero en disfraces, tiene algo de bonito, culturalmente hablando. También te demuestran una vez más que cualquier excusa es buena para gastar; cualquiera. Y gastan mucho. Pero a parte de eso realmente hay disfraces muy elaborados (Impresionantes unos zombies Victorianos, de verdad, olé). Tú vas disfrazado de “Barcelonés poco guay”, pero parece que no lo entienden. Te reconfortas al pasar el principio de la noche con otros con disfraces similares.
Luego, cambias de grupo y de plan. Terminas, no sabes muy bien como, en un bar gay del Lower East, rechazando amablemente ofertas de sodomización y demás. Y te ríes un rato porque, uno de los amigos que ha caído en la emboscada contigo, va disfrazado de plátano. Creedme, es muy curioso ver, en la noche más loca de Nueva York (o algo), a un amigo heterosexual disfrazado de plátano en un bar gay.
Bueno, la noche siguió. Terminamos en nuestra ya establecida Meca, en nuestro bar de Brooklyn; los clásicos, los básicos. Union Pool, le llaman. Alguna cerveza para terminar la noche, unas cuantas risas y disfrutar de una sociedad entera disfrazada por un día.
Al día siguiente, oficialmente, retomas las riendas de tu vida. Pero al darte cuenta de que tocará trabajar, y trabajar, y trabajar… decides darle también un valor importante al ocio, por contrapeso, para balancear una realidad que no quieres que termine enranciándose.
Haces un pensamiento contigo mismo. No sabes si antes o después, pero lo haces. Terminar corriendo en pelotas al lado de otro enfermo blanquito (también en pelotas), por el barrio negro mas jod
idamente jodido de Brooklyn, a las siete de la mañana no parece el mejor plan ¿Verdad? Porque eso no va a suceder ¿Verdad? Dejar de hacer las cosas que te gustan, las cosas que te llenan, o simplemente las cosas que le dan sentido a tu vida por el trabajo tampoco parece la mejor opción ¿No? Encontrar un equilibrio. Ni encerrarte, ni volverte loco por las calles. No hace falta llegar a extremos.
Así que vale, trabajemos, estudiemos, rindamos al máximo y seamos los mejores. Matémonos a pajas y sodomizémonos mentalmente. Lo que vosotros queráis. Pero a veces también es importante intentar sacar lo máximo de lo mínimo. Saber trabajar es tan importante como saber no hacerlo. Una sabia persona pasó años intentando enseñarme esa lección. Creo que empiezo a aprendérmela. Por lo menos, lo intentaré.
January 9th, 2010 - 21:53
Que bona.
Aquí el Halloween va ser una merda comparat amb qualsevol festa que pugui haver a Barcelona.
Tot i això, va ser increïble comparat amb els estàndars de estanfor.