Nomasdf A trip around…

27Feb/104

Escenas (reales) enfermas; nº 1

Estas esperando el metro; como se habrá podido apreciar, universo recurrente. Sentado en el andén prácticamente vacío, con tu libro, viendo pasar el tiempo. Serán algo así como las 10 de la noche.

Al poco rato, unos gritos te hacen girarte. Son dos sin techo, un hombre y una mujer. A la mujer ya la tienes vista, tiene relativa mala leche, siempre esta en los vagones, pidiendo, y no le gustan las negativas. En cualquier caso, por norma, los sin techo de Nueva York se caracterizan por su inofensividad. La mujer tiene la cara cortada por 3 líneas bien delimitadas, claras marcas de surcos navajeros. El tipo lleva unas greñas y una barba de más de medio metro, y arrastra un cubo de basura cuadrado, de esos de restaurante, enorme. Su maleta personal. Gritan entre ellos mientras se acercan donde estás tu. No es una pelea, es más ese tipo de conversación de hechospolvo, de pseudoesquizofrenicos, de hijos del crack...

Al pasar por tu lado, el tipo te mira, y acompañado de una sonrisa, te suelta un sincero

Lo siento, disculpa.

Te quedas un tanto sorprendido. ¿Disculpa porqué? No te queda muy claro si era por los gritos, por pasar con el cubo demasiado cerca de tus pies, o lo que fuere. No tienes tiempo de decir.

Tranquilo, no pasa nada.

Sigues leyendo.

Al rato, llega el metro. Te subes en él, al igual que la pareja de mendigos, que se monta en el mismo vagón que tú. Catastróficas casualidades, en el vagón hay un grupo de 8 o 9 chavales de unos 18 años, con ganas de hacer el mamón.

Tal como entran los mendigos, 3 de los chavales se ponen a charlar con el tipo. La tipa, poco después, se aparta, y en un par de paradas ya se ha bajado del metro. Y digo charlar por decir algo. Es una de esas escenas horribles pero cada vez más recurrentes; digamos que los chavales han cogido al mendigo como su bufón personal para distraer el trayecto de metro, para hacerse los “guays” delante del resto de chavales, de las chicas.

El mendigo aguanta la compostura como puede. Digamos que, poco sutilmente se están riendo de él en su cara. Y el tipo, como puede, les sigue la broma. De entre ellos, uno es un chaval un tanto más joven, pero con sus buenos 16-18 años. Un tipo gordo, cabeza prácticamente rapada, con un anorac de pluma azul fluorescente y enormes gafas de sol. El tono de las bromas va creciendo, se va ensuciando y oscureciendo. El mendigo empieza a intentar alejarse, hasta que el niño-gordo le ofrece dinero, algunas monedas. Monedas que finalmente acaba tirando por el suelo, gritándole un recógelas del suelo pedazo de mierda.

Esto quizás después de 20 minutos de trayecto. Imagino que el mendigo tuvo suficiente, cada cual tiene su límite.

Llegados a este punto, el mendigo empieza a gritarles. Simplemente gritos de rabia, de impotencia… sobretodo de rabia contenida. El niño-gordo se crece, es el centro de atención, así que intenta gritarle más, más fuerte y mejor. Otro de los chavales acompaña al niño-gordo. Un tercero, viendo la situación y un tanto cansado, grita al mendigo que se vaya, que se aleje… Valiente imbécil, más fácil sería pegar un par de ostias a sus amigos.

En cualquier caso, el mendigo se queda mirando al tipo que le dice que se marche. Tranquilamente se calla, coge su cubo de basura-hogar y empieza a alejarse dentro del vagón. Su cara ha cambiado. En ese momento, el niño-gordo tiene la necesidad de poner la guinda final, su “triunfo”.

Córtate ese pelo de mierda. Eres una desgracia humana, por lo menos disimula. Das asco.

El mendigo suelta el cubo de basura y se gira.

Empieza a gritar a plena voz, se entienden pocas cosas, a parte de un ¿para qué, para parecer un cerdo seboso con la cabeza rapada como tú? Y luego sigue con frases que incluyen un carcel, un imbéciles, bien, una buena sarta de insultos y mierda en general.

Y aquí es cuando los chavales se crecen de verdad. Uno sigue gritándole al mendigo que se mache, pero ahora es el mendigo gritando al niño-gordo. Así que un tercer tipo empieza a gritarle al mendigo, todavía más fuerte, un

Venga, partele la cara si tienes huevos, partele la cara, venga, partele la cara!!!

Cuatro chavales jóvenes contra un mendigo desnutrido y hecho mierda. El mendigo se calla, se calma de repente. De sus pantalones rotos, caídos y asquerosos, de un bolsillo lateral, saca un destornillador de medio metro. Tranquilamente, empieza a hablar

No, no le voy a pegar. Le voy a atravesar con el destornillador. Venga, niños valientes, ¿Quién será el primero? ¿No queríais fiesta? Empecémosla. Venga, cuatro contra uno, venga. A mi me vais a reventar, pero de cuatro, me cargo mínimo a dos. Yo no tengo nada que perder. Venga valientes, venga.

Con tu libro en la mano, deseas de corazón tan solo un instante que alguno de los chavales la cague, que realmente pase algo. Llevan 30 minutos pidiéndolo a gritos, una buena dosis de realidad, de bajada de humos a puñaladas, de humildad.

Obviamente, todos los amigos de los cuatro valientes se levantan y se van al fondo del vagón.

Venga, héroe gordo. Dejemos de hablar. Venga, acércate.

El niño-gordo no puede dejar de mirar fijamente el destornillador de medio metro, mientras su piel se torna más blanca que la nieve que cubre la ciudad. Todos empalidecen.

Eso pensaba, eso pensaba. Luego soy yo el pedazo de mierda.

Llegamos a la siguiente estación. El sin techo, calmadamente, se guarda su destornillador, coge su cubo-hogar y se apea. Mientras las puertas se cierran, desde dentro, el niño-gordo se acerca y le grita un

¡Tu madre es una puta!

Y solo puedes pensar un No chaval, ya no, ni lo intentes,  ya no…

Inevitablemente, te pasas el resto del trayecto perdido en tus historias. Como siempre, la cabeza llena de mil pensamientos, y una vaga sensación de tristeza. Que imbeciles somos todos.

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  1. Alguna gente se merece ser victima irremediable de sus propios actos. Imagino que un lugar oscuro y morboso de tu cerebro se quedó con las ganas de ver algo de sangre de niño-gordo-prepotente-clasista sobre el suelo. Comprensible.

    Saludos!!!

  2. Comprensible, si señor…

  3. vivido relato, made want to be there to pick up the dropped coins to give to the man and stare down those kids con una mirada de asco for a long uncomfortable rato.
    siempre escribes en segunda persona?


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