Pequeños momentos, 1
Por algún motivo, esta nevando la de Dios, últimamente. De vez en cuando incluso sale en las noticias en el otro lado del charco. Será que la cosa va en serio ¿No?
Pero si le prestas atención, como siempre, la ciudad, como cualquier ciudad del mundo, de vez en cuando te regala algunos guiños curiosos.
Así que cae esta especie de agua-nieve agónica. Te pasas la mañana en la calle, por algún motivo te has levantado especialmente temprano y has ido a hacer recados, a buscar cosillas y a pasear un poco.
Y al terminar, coges el metro de regreso a casa. Es en el andén subterráneo del metro, ese metro tan característico de Nueva York, donde se sucede la escena. En el metro, las temperaturas tienen un comportamiento un tanto bizarro; bien puedes estar a unos buenos 25 grados como pueden haber diminutas clapas de hielo en el peor de los días. Los raíles siempre están llenos de agua; agua circulando, en realidad. Iluminación, olores y texturas subterráneas en cualquiera de los casos.
Así que, al esperar el metro, ves por la rabadilla del ojo algo extraño, algo que no eres completamente capaz de identificar. Te fijas mejor, y te das cuenta de que, lo que sucede, es que esta nevando en las vías.
El metro de Nueva York tiene muchos agujeros de ventilación, rejas que dan directamente al asfalto o a la acera de la calle. Y hoy, ahora, es el momento perfecto como para que la luz entre directamente por esa reja lejana, dejando entrar un débil rayo de luz blanca, y no la tétrica luz amarillenta subterránea, generando un precioso juego de luces. Y atravesando perfectamente ese rayo de luz, enormes copos de nieve caen del techo hacia las vías mojadas y sucias donde las ratas se pelean por los tropezones de mierda que hay entre los raíles.
Mientras esperas el metro, sonríes mirando como nieva en estos túneles horribles que atraviesan la ciudad bajo tierra, como arterias llenas de colesterol, como un hormiguero plagado de hormigas epilépticas. Aunque racionalmente entiendes porqué está nevando bajo tierra, la escena tiene un algo de surreal, de mágico, que te arranca esa fugaz sonrisa. Un pequeño guiño cualquiera que, si prestas atención, la ciudad te ha vuelto a regalar.
Snow time, again
Porqué no te enteraste. No, nadie te mandó el mail ni mensaje ni nada de nothing, así que creías que tenías clase igualmente.
Pero resulta que cancelaron las clases por la tormenta de nieve.
La verdad, bastante espectacular. Aunque, después de que Washington DC quedara colapsado, enterrado bajo cincuenta metros de nieve, con centenares de millones de muertos por congelación, pequeñas comunidades sobreviviendo en túneles escavados bajo la nieve y recurriendo al canibalismo masivo, y nosequemás… pues esperabas que fuera peor. Como consecuencia, te diste cuenta de que, a veces, es mejor seguir las noticias a dejar que la gente te cuente qué esta pasando en el mundo. Tú siempre tuviste una imaginación hiperexcitada y enfermiza, así que una percepción de la realidad de segunda mano, junto a tu modo particular de procesar esa información, convierten el mundo en un lugar mucho más interesante y entretenido, pero menos realista.
Así que la nieve llegó, una vez más y en plan serio, a Nueva York. Ni pagándote saldrías de casa para ir a clase, con el frío y la que estaba cayendo fuera… Pero cómicamente, te están pagando por ello, así que saliste de casa para ir a clase, con el frío y la que estaba cayendo fuera…
Y de camino te encuentras a la lesbiana y la loca coreana revolcándose, literalmente, en la nieve de la plaza central de Columbia.
- ¿Pero, donde vas?
- A clase, a clase, voy tarde, hablamos
- Que no hay clase, que después de las 3 también cancelaron las del Campus central
No te lo creíste y fuiste a clase. A esa clase que, obviamente, habían cancelado.
En realidad, agradeciste, una vez en la calle, con los huesos helados y la piel pegada a la ropa empapada, el haber tenido una excusa para salir. El panorama lo merecía. Americanos locos tirándose por los 30 metros de las escaleras de la antigua biblioteca, con cartones y plásticos y demás. Guerras y guerrillas organizadas de bolas de nieve. Imaginas que, incluso los estudiantes pijos de familias adineradas tienen su derecho constitucional como ciudadanos americanos a sus “horas de guerra” anuales. Al fin y al cabo, debe de ser un tema genético, inevitable. Y, como bien se sabe, los ricos no van a las guerras de verdad, porque resulta que allí la gente muere y mata de verdad. Así que, como sucedáneo, se organizan espontánea y masivamente y montan guerras de nieve, con búnkeres, trincheras y demás. Bastante espectacular.
Luego fuiste a imprimir unas cosas a la biblioteca, la “nueva”, la de verdad. Además de diversos muñecos de nieve, algunos de ellos muy ingeniosos y otros espectaculares solo por sus dimensiones (nunca antes viste un muñeco de nieve de 4,5 metros), encuentras a otro enfermo mental. Delante de la puerta de la universidad, un tipo coreano tiene un molde y una sierra. Te acercas. También tiene un iglú. Un iglú de verdad, con ladrillos de hielo, y demás.
-Perdona, ¿esto es in iglú?
- Ehh… Si, si
- ¿Cuanto llevas haciéndolo?
- Unas 4 horas, creo que en 5 más lo terminaré
- Eh… pero que Es Un Iglú de verdad… Errr.. Vaya… Vale, venga, suerte.
Te lo quedas mirando 10 minutos mas, al tipo y a su iglú. Par de huevos, si señor, en medio de la biblioteca: un iglú. Fueras menos perro y tal, te hubiera gustado hacerlo tú.
Pero una vez más, empezaste a sospechar que el recuento de espermatozoides en tus cojones estaba disminuyendo preocupantemente por congelación. Tranquilamente, con la calma, y disfrutando del paisaje, volviste hacia el calor de tu casa, a disfrutar de la nevada desde tu ventana a la calle.
Bonito, y Frio.

Roommate Search; Episode Two – Alison
Parece que otro modo de llegar a conocer un poco la ciudad, la cultura y lo que mueve a este país es esto de buscar habitación. Uno se encuentra expuesto, durante un instante muy intimo, a personas y a sus historias. Al fin y al cabo, cambiarse de casa puede ser, para muchos, un punto de inflexión. Si, vale, de acuerdo, muchas veces es simplemente una elección relativamente normal. Pero otras veces, otras veces son los eventos, esa consecución de eventos completamente aleatoria (o no) de la vida, los que te llevan a cambiar tu lugar de residencia. Es esencialmente otro cambio más, con todo lo que cambio puede significar o implicar.
Alison llegó un día X a visitar tu apartamento, para ver la habitación. Y dices un día X porque últimamente te cuesta muchísimo llevar la cuenta de los días y las horas pasadas. Los recuerdos se están mezclando bizarramente durante esta última temporada. Pero bueno, eso es parte de otra historia. Así que digamos que Alison vino a visitar el piso en algún momento de esta semana, a principios… o bien a finales de la semana anterior. Al fin y al cabo, no supone ninguna diferencia, ¿verdad?
Alison podía tener unos 30 años. En realidad, quizás tenía 45 o más. Pero por la conversación y tal, intuiste unos 30, si, 30 serían. Es lo que pasa con la gente extremadamente delgada y demacrada, que con los criterios que aplicamos en nuestro “primer mundo”, cuando la vida te pega de hostias resulta que envejeces dentro de los parámetros del entorno en el que vives. Y esta chica, otra cosa no, pero lo que es delgada, lo está con ganas.
Alison era dulce, muy dulce… seguramente demasiado dulce, se lo viste desde el principio. No se puede ser así, no. Se necesita la dosis justa, y solo esa, de cinismo, de relativismo, de desapego, de distancia; se puede incluso ir escaso, nunca en exceso... Pero si te falta, el mundo te pisa y se te come poco a poco; parece que te coma las entrañas, de dentro hacia fuera, pero en realidad se te esta comiendo el alma. Lo curioso es que en general, las herramientas que tiene el mundo para hacer tal cosa son los hombres que lo habitan. Al fin y al cabo, el hombre comido, pisado y destruido por el hombre. Pero bueno ¿Que te voy a contar?
- Si, mira, yo era astrofísica en California. Si… No. Si. Estudié Undergraduate allí, y trabajé en un observatorio, investigación sobretodo. Bueno, era interesante, y era bastante buena en ello. Pero la verdad es que lo que a mi me gustaba era el arte y pintar.
Un par de días más tarde, Alison te mandaría un link para ver fotos de sus dibujos. Le responderías muy amablemente “que bonitos ¿realmente los has hecho tu? Muy bonitos, si señor”. No cuesta nada ser amable, y menos con un personaje así… pero por dios, que los dibujos eran una mierda pinchá nun palo ¿eh?
- Luego vine aquí. Estudié Arte en Columbia e iba haciendo cosas aquí y allí. En general becada… Hasta que tuve problemas con la beca. Ahora estoy con una amiga, pero es que se ha casado, viene San Valentín, y te das cuenta que igual necesitan su espacio. Por eso ando buscando piso.
- Como estudié en Columbia, bueno, me gusta el barrio y llevo aquí 5 años, la idea es quedarme. La verdad es que ahora estoy estudiando en NYU, en el centro, ¿sabes? pero es demasiado caro vivir allí abajo.
Como a todos, la tienes delante, sorbiendo el café que le has servido… como a todos. En medio también te cuenta que creció entre Roma y Estados Unidos. De hecho, charláis un rato también en italiano, y te habla maravillas de España y Barcelona.
- Lo que pasa es que, bueno, como tuve problemas con la beca y la termine perdiendo… claro, el caso es que, aunque los de la beca no te paguen a ti, tú tienes que seguir pagando los cursos y créditos y demás… Ya sabes como va eso.
Columbia pueden llegar a ser 45.000 dólares semestre, o más, según qué facultad sea.
- Llevo años pagando deudas, y por eso busco un sitio barato. A ver, si entrara este mes… No se, supongo que podría pagarte 700 (el piso estaba a 975), al fin y al cabo ya han sido muchos los meses en los que he pasado a base de arroz y poco mas… Bueno, ya ves que estoy delgada… Yo no era así, antes, no… lo que pasa es que, bueno, tengo que ir pagando las deudas con lo poco que voy consiguiendo, y las sobras de las sobras, pues bueno, para comer. A partir del mes que viene ya pagaría más, claro. Es solo que ahora no lo tengo, no tengo ni los 700, debería pedirlos adelantados….
En cualquier caso, le comentaste amablemente Mira, me sabe mal de verdad… No puedo bajar el precio. Igual 25 o 50 dólares, pero tampoco harían tanta diferencia… al fin y al cabo, si no ya soy yo quien pierde dinero Además, tu me estas hablando de números y alquileres, pero es que ni siquiera tienes en cuenta los gastos que no están incluidos en el alquiler…
- Pero bueno, en Setiembre en principio me dan una beca que me daría como 1500 dólares al mes… Y a parte de este mes… No se, supongo que podría llegar a pagar algo así como 850 o 900 mensuales. Ya me buscaría un segundo - tercer trabajo, así puedo pagar deudas y alquiler. Con la comida ya me he acostumbrado, así que… Y a partir de setiembre…
- Nono, no me malinterpretes. Mira, es fácil. Digamos que cada día, cuando llegaras a casa, tendrías tu comida lista. Para ti o todos los que fuerais. Solo tienes que decirme que quieres, yo te cocinaría cada día. Ya te he dicho que soy italiana, cocino bien… Aunque tu eres español, me imagino que ya sabes cocinar y eso…
- Es que tu no sabes que es tener hambre siempre... Y el arroz, cosas así…
- No se, no se me ocurre…
- Ah! También haría la limpieza. Quiero decir Toda La Limpieza, todos los días. Tendrías el lavabo y la cocina permanentemente limpios. Y el salón. Y si quisieras te barrería el salón y tu habitación cuando no estuvieras. No se…
Y bueno, ya nos hacemos un poco todos a la idea ¿No? No, yo creo que no nos hacemos a la puta idea. No me haces a la idea tú que vives aquí y les conoces en persona, ¿Como nos vamos a hacer a la idea todos en general? Pierdes una beca y tu vida queda sacrificada durante un montón de años… y para tus adentros, piensas “pues joder, los 800 pavos anuales de la UAB, pues igual no eran una barbaridad, al fin y al cabo”. Luego piensas en una historia relativamente frecuente en los Estados Unidos. Simple. Un Cáncer. Digamos un cáncer de mama, uno común, fácilmente detectable en fases iniciales, tratable y sin más complicación. Ok, hasta aquí todos contentos. Lo que pasa es que ese tratamiento, se paga. Se paga si no tienes seguro, si tu seguro no lo cubre, o si simplemente se niega a pagarlo. Y se paga a cientos de miles de dólares. O dicho de otro modo, sobrevives al cáncer y lo que te queda es sobrevivir al resto de tu vida, eso si no vienes de familia adinerada, muy adinerada. Pero bueno. No nos podemos, ni podremos nunca, hacernos a la idea de lo que es vivir en El País De Las Oportunidades.
Es bastante impensable, bastante improbable en Barcelona, en España, que coño, en Europa en general, que una estudiante; una persona, quizás no brillante, pero si decente, capaz y encantadora, se encuentre en una situación similar por motivos remotamente similares.
Cuando Alison se fue, te dejó el corazón un tanto encogido. Una semana después te escribió un mail. No es tan bonito, ni tan limpio, ni tan bien situado… No me gusta mucho, pero al final he encontrado un sitio por 675 dólares. Por lo menos un lugar donde vivir “mientrastanto”. Gracias por el café, estaba riquísimo, ya te escribiré, si quieres, si montamos alguna exposición en la NYU. Mucha suerte. Alison. Le escribes una breve respuesta deseándole toda la suerte del mundo, de corazón.
Vuelves a colgar el anuncio, un día más, en internet.
Al fin y al cabo, todavía no has encontrado compañero de piso.
Roommate Search; Episode One – Paul
Anuncio colgado en Internet. Habitación pequeña en piso de dos habitaciones, compartido con estudiante graduado de Barcelona. Está colgado en craigslist.com, el equivalente yanki de loquo.com. También en la pagina de alojamientos universitarios, también en el servicio de correo de la universidad… De hecho, si os pasearais lo suficiente, también lo veríais colgado en la biblioteca, o en la facultad de Filosofía, o de Cine, o de Letras, o de… bien, que ya nos entendemos, ¿no?
De momento, durante las últimas dos semanas o porai, se han ido pasando diversos personajes por tu casa. La habitación realmente es más bien pequeñaja, aunque el piso es encantador. También es importante tener en cuenta la puerta que hay en la habitación. Si, hombre, esa puerta que, si la abres, te lleva a la maravillosa habitación de la caldera. Pero bueno, ¿que más quieres? Es una habitación “con energías”, como dirían esos tarados del Feng Shui, ¿no? Que todo es verle el lado positivo a las cosas, todo es ponerse.
Pero lo más curioso de todo ello es la experiencia antropológica, humana. Debería hacerse un libro, algo así como “Sobre quién vino a ver la habitación en alquiler”.
Y es que todavía te acuerdas de Paul. Te llamó por teléfono, el tipo. “Hola, que tal, si, mira, llamaba por la habitación, ¿cuando podría verla?”. Te da una sensación rara, la voz misma, por teléfono. Pero qué coño, al fin y al cabo, necesitas colocar la habitación si o si, y temprano. “Mira, pasa cuando quieras”.
En general, lo que haces es meterte a quien quiera ver la habitación en casa, le enseñas todo un poco (al fin y al cabo son menos de 50 metros cuadrados, que se hace en medio momento) y te paras a charlar. “Oye, ¿quieres un café? Voy a hacerlo de todos modos”. Os tomáis un café juntos, que la casa es pequeña, que es un año entero, y al fin y al cabo quieres sentirte cómodo con quien te toque vivir. Más o menos lógico, ¿no?
Pues bueno, a lo que íbamos, que viene Paul. Paul llama al timbre. “Sube, sube”. Paul llama a la puerta. Abres y le sueltas el más amable “Hola, que tal, pasa, pasa”. Así que Paul es un negro de dos metros, monstruosamente grande, calvo, de 55 años, con cara de tarado. “Hola, soy Paul, encantado”. Y de repente entiendes qué es lo que no te cuadraba por teléfono. Paul es un bujarrón. De hecho, tal como dice “encantado” te esta haciendo morritos sugerentes. Cagontó… al que te conoce, sabe lo que quieres decir con bujarrón: no tiene nada que ver con homosexualidad, ni con quien te gusta acostarte ni tus preferencias ni nada. Es una actitud, un modo de expresarse, comunicarse y relacionarse con el mundo. Y Paul es, ante todo, un bujarrón.
“Mira, esta es la habitación, ¿Qué te parece?” El tipo se pasea por la casa, va mirando cosas, rincones, va comentando. Te das cuenta que lo de bujarrón es síntoma de algo más profundo, más intenso. Mentalmente surge uno de esos peligrosísimos de perdidos al río, o lo que sea. Casi te ríes un poco. “Oye, voy a hacer café, ¿quieres un poco?”
No amigos, lo que le pasaba a Paul es que realmente estaba tarado. Entendámonos, no es un modo de hablar, es que Paul estaba como una puta regadera.
-Verás, es que trabajo a tiempo completo y estudio a tiempo completo.
- Vaya, eso está muy bien Paul, y ¿que estudias y de que trabajas?
- No mira, bueno, trabajo para una firma de altas tecnologías, soy jefe de departamento, como un ingeniero técnico de rango muy elevado, ¿sabes?
- Que interesante, ¿no?
Blablabla
Anda, mira por donde, Paul es un ingeniero. Un tipo potente, ¿no? También puede ser, que coño. Para tus adentros piensas que, antes de Nueva York, llevabas tres años trabajando con gente que realmente estaba muy mal del tarro, así que decides charlar tu ratejo con Paul. Entretenido estarás. Y Paul, otra cosa no, pero charlar charla, el tipo.
- Blablabla, porque claro, en la firma donde estoy ahora de ejecutivo, se ven muchos casos de, ya me entiendes, la naturaleza humana y demás. La gente, que es como es.
- Si Paul, que razón tienes, que razón tienes. Y dime ¿Qué firma es, exactamente?
- Es un importante gabinete de abogados, que está en Wall Street. ¿Sabes? Trabajo con ellos como asesor jurídico. Es un curro bastante difícil.
- Ya me imagino, ya…
Todo el discurso en si era como muy disperso, muy disgregado en general, mientras el tipo iba haciéndote poses, gestos sugerentes y demás. Como has dejado claro antes, hay detalles para llenar medio libro: que vida más interesante la de Paul. No llegaste a saber que era lo que estudiaba a tiempo completo, pero si supiste que tenía cuatro trabajos distintos… A tiempo completo. Y no bromas de trabajo, no; trabajos serios, de “altos rangos”. Bravo, Paul. ¿El toque final? Paul también te contó como era Nueva York, sobretodo Harlem, cuando el era joven. Y es que cuando Paul era joven, Paul era bailarín en Broadway. Poca broma ¿eh?
Curiosamente, lo de bailarín es de lo poco que podrías llegar a creerte de ese tipo.
Os termináis el café, termináis la conversación y os despedís. Lo último que verás de Paul será su cara, su mirada un tanto triste. Para tus adentros piensas Lo siento Paul, pero creo que hoy no vas a mojar…
Pero no te preocupas. Al fin y al cabo, sigues sin compañero de piso. Seguirán las visitas de personajes bizarros, el festival de actores secundarios en una película de serie B, la película de tu vida.
Equilibrio mundial v1.2
Continued:
-si, vivo aquí-
Domingo y la mujer se miran. La mujer suelta un:
-Curioso, porque es el unico edificio de la manzana que no llevamos nosotros-
No acabas de entender a que se refieren.
- Bueno, te esperamos aquí y vamos a por el sofá-
Y tu y tu amiga entráis y dejáis las piezas de la mesa en el suelo del comedor. Seguís sin entender muy bien que pasa del todo, pero esa pareja de personajes siguen abajo, esperándoos. Bajáis.
- bien, el sofá está en el otro extremo del bloque. Es un tercero sin ascensor, ya veréis-
Seguís a Domingo en dirección opuesta de la manzana de donde salió la mesa. Llegáis a un edificio y realmente subís a un tercero. Allí hay un par de obreros que están terminando de enyesar y empezando a pintar un bonito piso de dos habitaciones. En el comedor, arrinconados, hay un par de muebles y en medio, apenas cubierto por papeles, hay un enorme sofá de tres plazas, algo sucio y polvoriento, pero prácticamente nuevo. Te lo miras, te lo remiras, y te das cuenta de que cabrias en ese sofá tumbado sin que tu cabeza ni pies tocaran ninguno de los respaldos.
- ¿Que te parece? ¿Lo quieres? -
- Errr-
- Es que si no lo quieres, para pintar, molesta… Así que vamos a romperlo en pedazos para bajarlo mejor a la calle y tirarlo –
- No, no. Vamos, que si, que lo quiero –
Miras a tu amiga. Metro cincuenta como mucho, seguro que no llega a los 40 quilos. De hecho, probablemente el sofá pese el doble que ella, contando el colchón y la estructura metálica que contiene. Al momento decides llamar a un amigo, a ver si está cerca, a ver si puede ayudar. Si no, en breve empezarán a cargarse el sofá.
- chico, chico. Estas sillas están muy bien, ¿las quieres? -
¿Más cosas? En realidad, son dos sillas rojas de Ikea, exactamente a juego con dos negras que ya tengo en casa, y que irían a juego de puta madre con la mesa y esas cuatro sillas.
- De hecho, si dices que no quieres muebles… ¿quieres mirarte el piso de arriba?-
From lost to the river. Sigues a la mujer hacia el piso de arriba mientras tu amigo llega. Abre la puerta del piso y te deja pasar primero.
Escena:
Un piso de mujer mayor, digamos unos 75 años, completamente mueblado, con sus mesillas, sus cómodas, sus cuadros, sus cacharritos. A modo de ejemplo, te quedas ensimismado con un enorme sofá, estilo colonial del 19th, bastante espectacular… Vas mirando, y de hecho queda todavía la ropa en el armario, las sabanas y la colcha encima de la cama. Es mas, todavía quedan los cacharros de la cocina por limpiar, todavía hay comida dentro de los armarios. Solo un par o tres de muebles arrastrados o fuera de lugar, un par o tres de cacharros aquí y allá demuestran que algo no va bien en ese piso.
La cadena de pensamientos es simple. Un piso de mujer mayor, todo está dentro todavía. Ellos son los que “llevan” los bloques de la manzana. Un piso de mujer mayor… Una mujer mayor que se ha muerto, que nadie ha reclamado sus cosas porque no tenía a nadie, no tenia nada más que ese piso. Una especie de escalofrió te recorre la espalda, te das cuenta que no estás en una casa, estas en un hogar, porque no ha podido dejar de serlo, la mujer no se fue del piso, la mujer murió en el piso.
Después de eso, ves una alfombra nueva que quedaría la mar de bien en tu casa. Así que coges la alfombra. Antes de que puedas mirarte nada más, tu amigo llega.
Y esta pareja de personajes trabajan para la inmobiliaria, la agencia que lleva los bloques de la manzana… menos el tuyo. Y antes que tirar muebles nuevos o apenas usados (el sofá tiene menos de 6 meses, me aseguran) pues se los dan a un grupo de chavales. Al fin y al cabo, menos trastos que tendrán que cargar ellos mismos, o gente a la que no tendrán que contratar para vaciar el apartamento.
- Oye, oye, vete a mirar el piso de arriba, vas a flipar. Cógete lo que quieras para tu piso-
- No necesito nada. Ya lo tengo amueblado, hombre-
- vale, lo que quieras. Vete a mirarlo solo por la curiosidad de verlo-
Le digo a la mujer si mi amigo puede mirar el piso, y ella asiente.
- en 2 minutos estoy de vuelta-
Y en 10 minutos regresa con un espejo de cuerpo entero y una mesita para revistas y demás, sonriente y sorprendido.
- Si, la verdad, tenia que verlo… bastante espectacular-
Finalmente os enfrentáis al sofá. Una bestia, una mole. Le prometiste a tu amigo que en 5 o 10 minutos lo tendríais hecho. Al fin y al cabo, solo serían unos 20 metros hasta tu casa. Después de accidentes, de atascar el sofá en las escaleras de ese edificio, de atascarlo otra vez en el tuyo, de cruzarte con el casero mientras arrancáis el yeso de las paredes, que salgan y entren personas, de tener que –finalmente- desmontar todo el sofá, la cama y demás por piezas… 3 horas más tarde, tu amigo se marcha y tu le preparas un desayuno-comida, un plato de pasta a las 9 de la noche a la amiga con la que quedaste para comer.
Al día siguiente pasaste a recoger las dos sillas rojas.
Recuento final: un espejo, una mesita, una mesa para comedor, una alfombra, un sofá cama, una lámpara y dos sillas. Si no hubieras tardado 3 horas de sofá o no hubieras quedado para comer, sería todavía más… pero al fin y al cabo, ahora si, ahora ya empiezas a tener un piso mínimamente amueblado.
Y todo porque una pareja de manag
ers de apartamentos decidieron que era mejor no tirar muebles nuevos si unos jovencillos los querían. Parece lógico, pero a día de hoy, no se hace. Estás seguro de que los libritos de autoayuda, de energías, de equilibrio, del alma humana y demás pajas mentales no tratan de cómo asaltar pisos de viejecillas recién muertas para quedarse sus muebles… pero a ti, después de eso, sigue quedándote una sensación de equilibrio mundial, universal… Las cosas fluyen y se reutilizan y una vieja te ha dado su alfombra desde la tumba y tu se lo agradeces y bla bla bla
Equilibrio mundial v1.0
Hace unos meses, quizás años, porque en realidad no tienes ni idea, salió a la venda un librito titulado “El Secreto”. Te tomarás la libertad de proclamar alegremente “¡ese libro es una puta mierda, autentica basura!” aunque no te lo hayas leído. No hay cosa más bonita, más agradable y más noble que hablar de lo que uno no sabe por pura intuición. Y es que intuyes que ese es uno de esos libros “salvavidas”. Una versión moderna de esos libros de autoayuda, ahora más orientados a un “escucha, escúchame bien, que te voy a enseñar a vivir bien, te voy a salvar la vida, porque, cuidao, te voy a contar la verdad de las cosas”; eso le resulta más cercano al lector medio. Te da que será una versión más de “se bueno y las cosas te serán buenas”. Un tal Jesucristo acabó bastante mal por lo mismo, pero también se sacó un libro de ello que, con los años, se vendió bien. ¿No?
Bueno, toda esta diarrea mental la piensas como consecuencia del jueves. Un día extraño, como poco.
Contextualizando un poco: tienes un nuevo apartamento, pequeñín, en Harlem, sin amueblar. Llevas tus días comprando cosillas de segunda mano, y mirándote y remirándote las esquinas, de las que de vez en cuando sale una cajonera o algo parecido que algún alma desalmada -si, eso existe- ha abandonado. Has quedado con una amiga que viene a comer a casa, para ver el piso. Llega tarde; te has acercado a la universidad a imprimir un par de cosas, y de vuelta ves como delante de tu casa hay un montón de muebles en un estado ligeramente decente. Te paras a mirar. Un tipo que tienes visto del barrio, que siempre anda por allí, se te queda mirando como miras los muebles. Se genera una secuencia de miradas a dos. Ves una mesita hecha mierda y bastante cutre, te acercas, la coges y la sospesas.
Ingl: -Es una buena mesa, ¿eh? – oyes de fondo
-Eh… Si, si, es una buena mesa- le respondes al tipo
- cógela, hombre, es una buena mesa –
Esta hecha un asco, y no encaja para nada en tu piso.
- uhhh.. No, no, si solo estoy mirando los muebles -
- Pues más allá, en la esquina, hay muchos más-
- ¿Me estas tomando el pelo?-
- no hombre, vete y míralo-
Tu amiga todavía no responde al teléfono. Debe estar en el metro. Así que te acercas a la esquina y descubres que el personaje no mentía. Es más, te ha seguido. Hay una buena cantidad de co
sas, desde sofás de piel a cajones de plástico o una batería musical infantil. Mirándolo bien, hay una lámpara bastante chula. Coges la lámpara, y ves al tipo que tendrá unos cuarenta años, ahora al lado de una chica de edad similar. Sonríen y murmuran entre ellos.
Ingl: - La mesa era buena, ¿eh? Una buena mesa –
- Si, si, deberías cogerla-
- heee.. bueno, es que acabo de entrar en un piso y la verdad es que ando buscando cosas y demás, pero esa mesa, como que no…-
Se miran entre ellos y empiezan a hablar otra vez.
Ingl: - Una buena mesa, ¿eh?-
Te parece, tan solo te parece, que están hablando español.
Esp: - Perdonen, ¿estos muebles son suyos?-
- ¿Sorry?-
- Digo si los muebles son suyos-
Se miran entre ellos. Si, hablaban español. Pero ese español centroamericano y desarrollado en Nueva York, una mezcla bizarra muchas veces ininteligible. Y tu acento a veces resulta todavía más desconocido en esta ciudad. Habláis un rato, simplemente por amabilidad. La chica se interesa.
- así que buscas una mesa, ¿no? Nosotros tenemos una, ¿la quieres? Es un poco más grande que esa, más nueva y mejor
Tú ya has dejado de entender nada de nada. Absolutamente nada. Que coño:
- si, por mirármela no pierdo nada, ¿no?
Suena el teléfono. Tu amiga está en la estación esperándote. Son las 4 y pico de la tarde, ninguno de los dos ha comido nada.
- disculpen, tengo que irme, una amiga me está esperando en la estación-
- chico, chico. ¿Quieres un mueble?
¿Qué coño es un mueble? Señora, ¿Qué me está contando?
- ¿A que se refiere con “mueble?
- si hombre, para sentarse, pero se puede abrir y se hace para dormir
- ¿un sofá-cama?
- si, si, eso. ¿te interesa uno?
Hace una semana que andas buscando uno, has estado a punto de pagar 200 o 250 dólares por algunos que no te convencen. Pero tampoco entiendes muy bien a que viene todo esto.
- bueno, escuchen, voy a buscar a mi amiga, dejo la lámpara en casa, y regreso en un momento, ¿ok? 5 minutos y estoy aquí, ¿vale?
Recoges a tu amiga, le cuentas la situación… como puedes, porque no se aguanta mucho por ningún lado y al final te acompaña a ver la mesa.
La pareja sigue allí, esperando. Cuando llegáis, abren una puerta de rejas que lleva a unos bajos abiertos. Allí hay una puerta que lleva a un subterráneo. Calderas, botes de pintura, herramientas, cacharros, cosas rotas y cosas sucias. El tipo nos hace señas, nos acercamos y aparece una mesa de Ikea, nueva, sin montar. Plataforma de madera y 4 patas.
- ¿la quieres?-
- eehh… no se-
En realidad no lo sabes. Pero porque no sabes que está sucediendo. Son situaciones muy difícilmente reconocibles, es jodidillo. Tu amiga te mira con cara rara y cuando ese par se apartan un poco, de suelta.
- no seas idiota, cógela. La metes en el cuarto de invitados, o la guardas para alguien que la necesite-
Vale, bueno, vale, te la quedas. Dices que si, que de acuerdo, que te la llevas.
- Domingo, búscales a los chavales los clavos para las patas-
Y Domingo – así se llamaba el tipo- muy diligentemente se esconde en los rincones del subterráneo, saliendo con distintos tornillos de distintos tamaños para probar si funcionan para las patas.
- oiga, señora. Que son solo los clavos, que no hace falta-
- nada, nada, cuestan 4 o 5 dolares, ya te los doy yo. Domingo, ¿encuentras algo?-
- de verdad, que no hace falta, que ya los compraré-
Te miras a tu amiga, tu amiga te mira. No entendéis una mierda en general. Antes de que Domingo encuentre nada, empezáis a cargar tablón y patas. Salís y os dais cuenta de que tanto Domingo como la chica os están siguiendo. Sientes un escalofrío correr por la espalda, como si de repente toda la situación empezara a cuadrar. Ralentizas un poco la marcha, para ver que sucede. Nada, siguen detrás de ti. En cualquier caso, toda la acción se sucede en la misma manzana donde vives, así que no hay mucha más opción que llegar a casa. Subes al portal y abriendo la puerta, te giras a Domingo y sueltas un:
- Vale, vale, muchas gracias-
- Así que vives aquí ¿No? –
Domingo se queda estudiando el edificio, a ti y a tu amiga….
To be continued...
Fragmentos v1.0
Autobús de San Francisco a Los Ángeles.
Recién montado en el autobús. Hace tan solo un par de minutos que has dejado atrás la ciudad de San Francisco. Desde uno de los puentes que une la bahía, la entrelaza, como una tela tejida por una araña ciega y epiléptica, miras como la ciudad se aleja lentamente.
La verdad es que hace un tiempo de mierda, estás empapado, calado hasta los huesos… o siendo mas fieles a la realidad, hasta los cojones. El cristal esta empañado, así que intuyes el mundo a través de esas dioptrías nacidas de la condensación de agua. 
A pesar de ello, sonríes tristemente por dentro. Con todos sus defectos, que no son pocos, San Francisco se ha ganado tus respetos. Una de esas ciudades, con el tiempo cada vez más escasas, de las que te vas con un “coño, pues no me importaría vivir una temporada aquí”, en la cabeza.
Ejemplo: Vas y cruzas el semáforo en rojo. De hecho, lo cruzas sin darte cuenta de ello y un coche tiene que pararse para no arrollarte y terminar con tu insignificante existencia. Levantas la cabeza, sales de tu horrible universo de pajas mentales y descubres a un conductor sonriente y alegre, mirándote caminar como si fueras un niño experimentando con sus primeros pasos. En Nueva York ya hubieras muerto.
Una ciudad muy Europea, dicen… y esas cosas.
Por otro lado, lo único que hace es reforzar una vez más la idea de que los americanos tienen un concepto del ocio completamente distinto del español… hasta el punto de que no cumplen los criterios a los que tu estas acostumbrado para considerarlo siquiera ocio.
No es solo el hecho de que los locales cierren a las dos de la madrugada. No. No es solo eso. Te pasaste por una fraternidad (Zeta Ipsi, que broma de nombres), para ver que eran esas fiestas –American Pie-. Aguantaste allí unos 30 minutos y decidiste irte a dormir – deprimido. Igual simplemente te estás haciendo mayor…
Y, en el autobús, miras por la ventana empañada pensando y imaginando como coño serán Los Ángeles, aunque en realidad estarás allí tan solo 14 horas…
Ahora nieva de verdad!
Y desde mi ventana, contemplo el mundo desintegrarse, preparando los últimos examenes...
Let it snow...
Let it snow, let it snow, let it snoooow…
Es curioso como los cambios climáticos extremos siempre te han recordado al Apocalipsis. Ese Apocalipsis que llevas esperando toda tu vida, de algún modo, Apocalipsis que ya añoras aunque no haya sucedido todavía. O algo así.
Una tormenta perfecta, como las tormentas secas y eléctricas del pirineo en verano; o ese cielo rojo-azul-gris-verde desintegrándose, o cuando llueve como si no hubiera llovido en siglos y tuviera que hacerlo ahora en solo dos horas. Son momentos que conectan con algo visceral, algo muy profundo dentro de ti mismo. Casi te emocionas, en realidad.
Así que ayer tocó la primera nevada en Nueva York. A ver, que ha nevado antes, ¿eh? Pero es tu primera nevada. Anteayer ya te lo dijeron, se comentaba y demás… Mañana va a nevar. Pues bueno, pues vale, ya se verá. Te levantas y la verdad es que no hace tanto frió ni tan mal día. Pasado el mediodía, empieza a llover y a refrescar.
Tomándote tu café necesario en tu Meca diaria, miras a la calle y empieza a caer una lluvia como, como más densa, como más espesa… Sales a la calle y si, esta empezando a congelarse, a llegar medio helada al suelo. Nah, no calará, no llegará a hacer copos.
Va pasando la tarde, vas viendo el tiempo pasar hasta que, de repente, miras por la ventana y el mundo es tan solo apreciable a través de unas cataratas causadas por un
a edad que todavía no tienes… ¿pero que coño..?
Sales a la calle. Eso no es nevar. Vamos, no es el nevar que tú conoces. Copos de nieve del tamaño de tus pulgares, del tamaño de piedras pero ligeros como el aire, como desafiando toda ley de la física conocida. Nosotros estamos acostumbrados a una nieve menos espesa pero más intensa. Ya es de noche, así que los copo-piedras quedan iluminados por los focos, los faros, las farolas. Justo en ese momento tienes una ligera erección mental: el mundo está loco, el clima está loco y vivimos en un universo precioso donde la simple metereológia te brinda maravillosos momentos de pura psicodélia. Con una sonrisa de lado a lado, desgarrándote la cara por la mitad, te apoyas en una barandilla y empiezas a liarte un cigarro con calma, apreciando el espectáculo que te ofrece el momento. Algún amigo se cruza y te mira curioso. No entenderían porqué sonríes, y, además, esto no es nuevo para ellos.
Horas más tarde decides salir a pasear. En 20 minutos tu sudadera negra es prácticamente blanca. O eso, o te estas convirtiendo en un dálmata. Y joder que frio hace.
Hoy te levantas y el cielo duele; es tan azul, tan luminoso y tan limpio que casi da asco mirarlo de lo bonito que es. Le comerías el rabo a Dios para darle las gracias por un día tan maravilloso. Pero cuidado, que cuando te acercas a la salida, a través de la puerta de cristal, ves que el coche aparcado allí esta cubierto por 5 cm de nieve. ¿Tanto ha nevado?
Nada, chaval, empieza a llorar. Lo que ha llegado es el frío. El frío y la humedad que permiten que la nieve de ese coche, nieve que no ha caído en Nueva York si no en cualquiera que sea el lugar de origen del cacharro, esa nieve no se derrita en todo el puto día. Pero será la única nieve que verás hoy…
Felicidades amiguito, el invierno ha llegado a Nueva York de verdad. Se acabaron los simulacros.
Friday Morning
Viernes por la mañana. No sabes ni por qué, pero te levantas a las 6 sin despertador. Cinco horas de sueño. Sin mucho margen de duda, decides volver a ponerte a dormir, así, como quien no quiere la cosa. Te vuelves a levantar, solito, a las 10. Raro, como poco. Que coño, por una vez, vamos a aprovechar el día, ¿no?
Café; empiezas a llamar a gente para echar el café mañanero. En vez de eso, te proponen que te acicales en 10 minutos y bajar a Downtown para ver la exposición de Bodies. Si, la misma que rondó por Barcelona, la de los cuerpos disecados, abiertos en canal, y demás. Esa tan polémica. Bueno, en realidad tiene su gracia, más que nada que, que coño, con el carné de la universidad es gratis. Y a todo lo que sea gratis, difícilmente se le debe hacer un feo ¿no?
45 minutos después (como mínimo) llegáis a la punta sur de Manhattan, y buscáis y encontráis la exposición.
- ehh… hola señora, queríamos 3 entradas para Bodies.
- Serán 60 pavos
- ya bueno, es que tenemos el carné de la universidad
- no, no hacemos descuento para estudiantes…
- ehh… vaya, es que hay los flyers esos, y los carteles, en la uni… Dice que es gratis y tal
- Bueno, el jueves hacemos un dos por uno, por la mañana.
- ya, vale, pero que gratis no, ¿no?
- La verdad que no
- hummm… Vale, gracias.
Gracias y a cuidarse.
Tirados, por decirlo de algún modo, en la punta de Manhattan. Al salir del metro, ya te habías fijado. Habías estado por esta zona un día, buscando unos edificios del gobierno de Nueva York. Pero no te habías fijado en eso. Así que hoy, a falta de mejor plan, decides visitar las Torres Gemelas, que están al lado. Curiosamente, casi 4 meses en Nueva York y todavía no te has pasado por allí… Estaría bien a estas alturas, digo yo.
Os acercáis a la zona, y las ves alzarse. Dos edificios perfectos, dos colosos de metal y cristal, como seres de otro mundo, silenciosos y imponentes, irguiéndose hacia los cielos. Dos enormes torres de Babel acercándose al reino de los cielos, desafiando toda lógica con su majestuosidad, con todo su esplendor. El símbolo del progreso, del futuro, de la prosperidad occidental. Las dos torres alzándose como…
Ja, ja ja, ja, ja…
Total, la Zona Cero. Ves, más o menos, lo que esperabas ver. Absolutamente nada. Lo mismo que ves cada puto verano en Barcelona, un solar en obras, una calle en obras, gente en las obras. Una vez más, pequeños matices culturales, los obreros aquí no gritan a las mujeres cuan jamonas están, y demás. Pequeñas cosas que pueden pasarse por alto. La gente rodea la manzana, mirando al vacío, mirando al cielo o a las vallas que cubren el interior. De hecho, te acercas y miras entre las vallas: montones de material de construcción, gente vestida para la obra, cimientos, agujeros, hierros, roca… La Zona Cero. Supones que tiene más de lugar de reunión, de recogimiento, un lugar de encuentro simbólico, tanto por el local por todas las sobadísimas connotaciones, como para el turista, por eso de decir “mira mamá…”.
¿Lo más interesante? Pasar luego por el memorial del 9/11. A tus ojos, una tienda de souvenirs con un par de maquetas, fotos y parafernalia en general para justificar. En cierto momento, miras a una de las amigas con las que has ido; hace mala cara.
- ¿que pasa? ¿Estas bien?
- Este lugar me da nauseas…
Americana, piensas. Bueno, para ellos tiene mucho de emocional, o algo… ¿quien les entiende?!
- me destroza darme cuenta de lo jodidos que estamos… Como llegamos a comercializar incluso esto, como sacarle algo incluso del desastre en si mismo…
Después… tú llevas todo el día pensando en ese comentario. Igual existe también una visión crítica desde dentro, sin que pierdan parte del sentimiento propio. Nunca has llegado a comprender el patriotismo en si mismo como sentido último, pero este quizás parece un –suficientemente- buen ejemplo en ese sentido. El asco hacía uno mismo por el desprecio o la falta de sentimiento hacia uno mismo. Podrido y bonito al mismo tiempo.