Nomasdf A trip around…

16Nov/104

Anthony’s Home

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En un rinconcito cualquiera de Lower East hay una tienda… O un museo… O la casa de Anthony Pisano.

Vale, paso a paso. Hace tiempo, prácticamente un año, conociste a un personaje de esos extraños, casi excepcionales. Entre muchos otros poderes sobrenaturales, esta diminuta mujer tiene el don de “conocer gente”. Entendámonos: en un momento dado cualquiera, uno puede pensar algo así como Me gustaría conocer a un astronauta enano doctorado en Harvard en “Granjas ecológicas: la ganadería del caracól marrón (Helix Aspersa) en épocas de sequía” y al que le guste desayunar fetos de niños chinos liofilizados”. Como quien piensa en la lista de la compra, en hacer la colada, o en herpes genital. Quién sabe.

Pues bien, uno puede optar por descartar la idea por bizarra y poco realista, o bien puede comentárselo, también como quien no quiere la cosa, a ese pequeño ser extraño. Y la mujercita respondería Pero que curiosidad, el otro día conocí a Juan, quien por casualidad es un astronauta enano y que estudio en Harvard y  que… Bien, vais pillando la idea.

En cualquier caso, la historia no iba por allí. Por esas cosas de la vida necesitabas un reportaje fotográfico para salir del paso. Algo así rápido y asequible. Y aquí es donde la muchacha entra en acción. Te recomendó ir a visitar a un personaje del que ya te había hablado tiempo antes. Anthony. Decidís ir el sábado a echarle una visita al hombre.

Ahora si:

Anthony nació en Sicilia hace más de 80 años. A los diez, por marrones con Musolini, con el hambre o otras cosas, vinieron todos para Estados Unidos.

- Musolini se dedicó a comerles la cabeza a los Italianos. El tipo decía “señores, debéis tener muchos hijos, para que cuiden de vosotros”. Así que mi madre tuvo a diez. Cinco chicos y cinco chicas, para compensar… pero ya sabéis del dicho, una persona que cuida de diez pero diez no pueden cuidar de una.

Llegar a la casa de Anthony es llegar a una especie de capsula del tiempo. Anthony nos espera en la calle, sentado en un taburete. Nos espera como quien espera cualquier cosa, o absolutamente nada. Nos espera como podría estar esperando a cualquier desconocido que le haga caso o le salude. Anthony ni siquiera espera, simplemente existe sentado en su silla.

Es ya tarde, por la noche, y la calle está bastante oscura. Neones rojos y azules y verdes y amarillos, colgados al lado de un enorme reloj de cuco, encima de una maqueta de barco antigua conducida por un muñequito de Bill Clinton. Aparece como un escaparate, delante del cual está sentado Anthony, con la puerta abierta y Frank Sinatra sonando a todo trapo. Esa es su casa.

Antes de entrar, te paras a charlar un rato con el… Pero ya desde la calle se intuye el maravilloso infierno de trastitos, cacharritos, objetos y historia acumulados entre paredes y demás.

Ferran_Process_02Luego entras. Un espacio de apenas dos metros o dos metros y medio de ancho, una tienda-piso hecho a lo largo. La primera habitación, llena de libros, fotos, figurillas de plástico/cartón-piedra/metal/madera/etc, piezas de relojes/radios/lámparas/etc, muebles, vasos, botellas, muñequitos, aparatos, cacharros, sombreros, raquetas, redes, un acuario enorme con (también) enormes peces tropicales, plantas, vitrinas, panderetas, herraduras, candelabros, payasos de plástico, pendientes, mascaras, dibujos, perros de porcelana. Sigues hasta la siguiente habitación donde hay piezas y maquinaria de precisión, un microscopio, un crucifijo o dos, botes, mas relojes, una pantalla enseñando negativos de diapositivas, enchufes, teléfonos, búhos de metal, sombrillas, ordenadores y calculadoras viejas, baterías y tambores, revistas, soldaditos, campanas, palos de esquiar, una guitarra, sillas, armarios, mas vitrinas, mas lámparas, and whatnot. Y esa segunda habitación, de exactamente metro y medio por dos metros. A partir de aquí, ya, lo que haga falta.

- Es que, sabes, trabajé en un barco mercante durante quince años… ¡son muchos años! Y bueno, cada vez que veía algo que me gustaba, aquí o allá, pues me lo pillaba de recuerdo.

Te va contando Anthony con una sonrisa en la cara. A ratos en inglés, a ratos en un italiano que empezó a desaparecer de Cerdeña hace más de cincuenta años, va dejando salir palabra tras palabra entre la sonrisa que le cruza la cara.Ferran_process_07

-          ¿Que qué hacia? Pues en esa época la carne americana se vendía bien. En realidad cortaba carne. Bueno, en realidad, tenia 250 personas por debajo mío, a quienes enseñaba a cortar carne. Si. Si. Si, ya lo se, 15 años cortando carne en un barco que cruza el mundo de un lado a otro, meses sin pisar tierra. Y cuando salías, cuando salías del barco, no puedes imaginarte la sensación de salir del barco. Quince años de mi vida en un barco mercante.

Sigues entrando casa adentro, casa adentro. Esa especie de museo, de cacharros que han visto pasar todo el siglo veinte, se convierte de repente en algo distinto. Un espacio diminuto que contiene un sofá y unas escaleras. Luego un piano enorme, al lado un micrófono, y encima de él un par de vinilos y otro teclado y lámparas y partituras y estanterías de libros a un lado y espejos al otro. Y más allá una cocinilla y una nevera en una esquina. En la otra una cama. Y al final una puerta a un jardín. Y entonces, solo entonces empiezas a recuperar la consciencia de que, allí, si, allí vive Anthony.Ferran_process_05

- ¿Qué porqué el piano y el micro y demás? Bueno, me cansé del barco mercante y decidí aprender música. Estudié mientras empezaba a trabajar de músico como diez años o más, y bien, la música se te mete dentro y ya no se va. Al principio había ese tipo, el tocaba y yo cantaba, pero no había modo, cuando yo iba rápido el iba demasiado lento, o yo iba demasiado lento y el rápido, ¿entiendes? Así que me puse a aprender a tocar el piano, también, hasta que pude tocar y cantar solo.

- ¿Que donde trabajaba? En el CopaCabana, el primero, el original. El que solía estar como en la cuarentaypico…. Si, si que le conocí, a Frank Sinatra y a otros. De hecho, yo era el telonero… Bueno, ahora le llaman telonero o algo así, a eso, pero claro, entre que entraba uno y salía otro o calentaban o lo que fuera, pues me ponía yo al piano y a cantar. Si, era curioso, se estaba bien, era divertido. Y bueno, de telonero estuve siempre… Ellos tenían el talento, yo no llegué, yo era telonero.

De hecho, en algunas paredes hay fotos. Fotos de él en el CopaCabana. De hecho, le preguntas por esas fotos, hay una serie bastante curiosa: de un tipo de unos veinte años, a los puros 40’-50’ y al lado un viejecillo con una barba blanca de medio metro y calvo.

- Son 60 años de diferencia entre una y otra, se notan, ¿eh? Mira, tengo una hija… ¡tiene 61 años ahora! Dos o tres veces tu edad… y te sonríe desde detrás de unos ojos vidriosos. Vidriosos de edad, de pseudo-cataratas, no de nostalgia. Porque, si algo hace Anthony, es sonreír.Ferran_process_08

- Me siento en la calle y saludo, ellos me saludan – o no-. No quiero privacidad. Si cierro mis puertas a la gente, las cerraría literalmente, y a mi conocer gente y que entren y salgan de casa y que pregunten y que me hablen… ¡A mi todo eso me da vida! Las puertas de mi casa llevan 32 años abiertas. A veces alguno pregunta si es una tienda o un museo, o si pueden comprar, o como va eso. En 32 años no he vendido NADA. Eso si, a veces regalo piezas o cosas cuando veo que pueden ser útiles.

Y sigue sonriendo. Anthony es alegría, es sonrisas, es cariño por todo y por todos. De uno que ha vivido 15 años en un barco mercante esperarías cinismo. De uno que ha envejecido en Nueva York (Manhattan, donde 80 deben pesar como 130) esperarías fatiga angustiosa. De uno que…

- ¿Qué si el barrio era peor antes? ¡No hombre, el barrio esta de lujo! Antes caminabas entre jeringas y batallas urbanas y yonkis y atracos y la gente pasaba hambre, HAMBRE, y … No, desde luego, ahora se vive mucho mejor. La gente es mejor.

Piensas en los hipsters y las ratas y la basura y el dinero o su ausencia y las prisas y los coches y el vacio humano que te rodea… Y miras a Anthony, miras detrás de sus ojos pseudo-cataraticos y vidriosos, de su barba de más de 3 días y su sonrisa de más de 8 decenios. Miras la “Tienda-Museo” donde vive y donde os ha acogido estos minutos, y sigue sonriéndote, sinceramente, tras 80 años de historia, años que cargan en sus espaldas y a las espaldas del apartamento lleno de luces rojas, amarillas, verdes, azules y coloridas como el mismo personaje que las habita.

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Pequeñas burbujas de humanidad – bizarra -  en esta ciudad que devora almas. Le respondes con otra sincera sonrisa e intentas esconder el profundo respeto que estas sintiendo por este viejecito, retazo de persona atrapada en otros tiempos y otras realidades; y te alejas deseando que la promesa de regresar a visitarlo algún día se cumpla de verdad…

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10Oct/102

Staten Island Half Marathon – Done! (10/11/2010)

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7Oct/100

Done! Final Route: 5,475 km – 6 days

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29Sep/100

On the Road, again (NY-LA roadtrip). 29 Sept – 5/6 Oct

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2May/100

Done!

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19Apr/102

Apartment with curry

Principios-medianos de abril. Vale, después de meses intentando alquilar la habitación, te diste cuenta de que los gastos aumentaban exponencialmente mientras que los ingresos seguían iguales: insuficientes.

Como buen parásito superviviente, decidiste poner la habitación en alquiler “por días”. Es más, decidiste sobre-explotar esa maravillosa página que es craigslist, la versión yanki de loquo.

Y al relativamente poco, la primera victima cayó. 150$ por 3 noches. Curiosamente, durante los mismos días que tenías a un amigo de un amigo también acogido en casa.

El tipo del anuncio te dijo que venia unos días a visitar a familia y amigos. Al llegar, le preguntas y resulta ser la primera vez en NY. Mierda de familia y de amigos, piensas, si te hacen quedarte en casa de un completo desconocido en medio de Harlem… Pero bueno, cada cual a lo suyo, ¿no?

Así que viernes, a las 10 de la noche, le llamas

Oye, ¿ pero tu no llegabas hoy? No me jodas…

Es que se me ha retrasado el bus… y luego tenía que asistir a una cena importante, y…

Vale, colega, pero esto se avisa y así no pierdo todo el día

A las 11 te llama

Que ya estoy en la estación 116, pero ¿Cómo se llega a la casa?

Le das instrucciones otra vez. Total, está en la esquina opuesta de la misma manzana. Ni eso, de hecho.

11:30h

¿Dónde decías que estabas la casa?

Mira, regresa a la estación y vengo a recogerte

Resulta que el tipo se puso a andar y se perdió. Le recoges y le llevas a tu casa.

Un tipo indio pequeñito de unos 30-35 años, vestidito con su camisita y sus cosas, arrastrando su maleta a casi las 12 de la noche por Harlem con pinta de pardillo-perdido. Si no fuera porque te lo vas a meter en casa, al igual le hubieras robado tu mismo.

Llegáis, le enseñas la habitación y un poco la casa. Te das cuenta de que no te sigue, así que ni casa ni nada. Se queda en la habitación.

¿Necesitas algo?

No, no, gracias, esta todo perfecto… y disculpa otra vez

Parece que coge el teléfono para llamar. Cierras la puerta.

Te vas a tu cuarto y empiezas a llamar a gente. Al fin y al cabo, igual ya es algo tarde para cogerte el metro y cascarte dos horitas hasta Brooklyn, ¿no?

Y es entre llamada y llamada que oyes al indio de fondo, encerrado en su habitación, que sigue todavía al teléfono. El tipo había empezado la llamada como horas antes. Suena muy raro, pero intuyes que será porque estará hablando hindú o algo…

Te metes a escribir un buen rato en el ordenador. Al cabo de otro buen rato, vas a por otra cerveza. Cerveza que está al lado de la nevera, nevera que está en el espacio abierto que es tu cocina, cocina que esta al lado de la puerta del indio. Así que resulta inevitable escucharle hablar.

Y si, está hablando hindú (o dios sabe que), pero lo que sonaba raro es que el tipo estaba llorando… y debe llevar dos horas llorando al teléfono, por lo menos.

No puedes hacer más que pensar en ti mismo, y en como coño llegas a meterte en ciertas situaciones.

………………………

Domingo por la noche, Abhishek, nuestro héroe indio, te llama.

¿Podrías pasar por casa? Tengo algo para ti, y quiero hablar contigo….

Teniendo en cuenta que en 2 días y medio no habéis cruzado una palabra, ni os habéis visto (viviendo en el mismo piso), ni nada… Y las pintas del tipo en si mismo… Intuyes que en realidad se trata de un cirujano indio psicokiller que quiere desguazarte y vender tus órganos en el mercado negro oriental.

Si, hombre, tranquilo… ¿A que hora quieres quedar?

Llegas a casa. En breve llega el tipo. Empieza a empaquetar.

Si, mira, lo siento. Pero es que resulta que tengo este tío en Queens… Que cosas, no sabía que tenía familia en Queens! Pero es que este tío, en Queens… y esta noche dormire allí…

Ah, vale, pos de puta madre, ¿no? Me parece maravilloso y fantástico

Entonces el amigo Abhishek te mira con cara de perdonavidas y te suelta un

Pero bueno, para que veas que soy una persona justa y de palabra, te voy a pagar esta noche, también… Se que no debería, pero bueno, aquí tienes tus 50$

Le miras de arriba abajo. Hace cara de “no me los vas a aceptar, ¿Verdad?”.

Le sonríes muy, MUY dulcemente.

Bueno, para que veas que yo también soy una persona razonable… Teniendo en cuenta de que acordamos 3 noches, de que no me has avisado con ningún tipo de antelación para que pudiera alquilar la habitación ni nada a otra persona y no perder el dinero, de que en realidad son ya las 9 de la noche… te cobrare solo 40$ y te puedes quedar con los 10 restantes.

Le extiendes el billete. Diez dólares que no te suponen ninguna diferencia real, ni se la suponen a el. 10$ es un valor lo suficientemente bajo como para no echarlos tanto en falta, suficientemente bajo como para resultar un buen insulto sutil, un escupitajo de reojo.

Abhisek baja la cabeza y se guarda sus 10$. Sonríes.

Ha sido un placer tenerte en casa, Abhisek

Oye… Una última cosa… Si regreso alguna vez a NY… ¿Puedo volver a contactarte?

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4Apr/100

Pillow Fight NYC 2010

Cada cual más tarado.

A veces te hace falta un momento, un acontecimiento social que no tenga ningún sentido para recargar las pilas. Sábado 3 de Abril, 2:45 del mediodia, te reúnes en Union Square con tres amigos que tienes de visita en casa. Una parejita que estaba haciendo turismo y otro que iba por libre. El que iba por libre traía una amiga. Luego aparece uno de los compañeros de batallas Neoyorkino. Sois un buen grupo, pero nada comparado con unos cuantos miles de personas que ya están allí. ¿Tu idea inicial? Hechas algunas buenas fotos. Finalmente, el compi ha traído un cojín de sobras. ¡A tomar pol culo y que empiece la guerra!

Te faltan palabras para describir lo surreal, lo buenrollista, lo descargante de energía, lo… miles de personas en una pelea masiva de cojines, el cielo escondiéndose tras una nube de plumas al aire, gritos, risas, disfraces y un montón, algo desproporcionado, de colgados. Y la sensación de haber vivido algo, no solo divertido, si no de algún modo bonito.

21Mar/100

Spring at Harlem

Regresas a Nueva York después de una escasa semanita en casa. Cuando ibas a Barcelona, todo el mundo enloquecía. Tu! Que hay como un metro de nieve, aquí!

Que alegría, que alboroto y que ganas de cagarte en su puta madre, en general. Nueva York, 3 meses de nieve, empieza el buen tiempo y te vas a Barcelona. Resulta que no caía una así desde el 62, que si, que esta va a ser recordada, que vale.

Pero bueno, por lo menos, los días que estuviste dando tumbos porai, hizo mejor tiempo. En general, incluso se podía ir sin chaqueta y demás.

Luego, ayer en el avión el piloto anunciaba Señoras y señores, vamos a aterrizar en el aeropuerto y bla bla bla, la temperatura exterior es de 20 grados centígrados. Y tú piensas para ti mismo, vale, el amigo se ha equivocado. En Barcelona hacía más frío, y esto, bien, cuando te fuiste de NY todavía había placas de nieve y hielo en todos lados. Y joder, que ha sido solo una semana, ¿no?

Pues no.

Luego sales del avión, hace calor, te quedas en camiseta; recoges tu mochila y empiezas a vaciarla para llenar tus bolsillos. Tabaco, llaves, y… Mierda! Pero mierda de las gordas, de las serias, no nos confundiéramos! La cremallera abierta, las llaves a punto de caerse, y no hay móvil. Te gustaría pensar que te la han abierto y te han robado. Pero todo el resto sigue allí, incluso el cartón de tabaco. Te gustaría pensar que te lo han robado, pero en tu fuero interno sabes, al menos intuyes, que la cremallera lleva abierta desde Barcelona. Eres tan jodidamente consciente de tu garrulismo que te das cuenta de que tu móvil, probablemente, se perdió en algún punto del trayecto. Ojalá te lo hubieran robado, imbécil… Te has quedado sin móvil.

Vale, te levantas hoy ya con la idea de ir a cancelar la tarjeta y comprarte móvil nuevo. Has perdido todos los contactos y demás.

Y es al levantarte cuando ves que el sol intenta carbonizar cruelmente todo aquello que se mueve en la calle. Joder, está prácticamente escupiéndote en la cara. Vale, vale, admitámoslo, igual te has pasado, igual no es para tanto. En cualquier caso, queda bien claro. El invierno ha terminado.

Te tomas tu café matutino, tu cigarro, una cagadita rápida y listos. Te pones tus zapatillas, tu camiseta, y que coño, tus pantalones cortos. Sales a la calle.

Harlem se revela ante ti con todo su esplendor. Y, puedes sentirlo, solo está calentando motores. Domingo por la mañana, las calles están llenas de vida, de gentes, de cosas, haciendo honor a ese espíritu mezclado, hijo de Hispanos y Afro-Americanos – los segundos, más prevalentes en tu parte del barrio. Viejos en las esquinas, mesillas en las aceras donde se juega a domino, a cartas o a Dios sabe que. Todas las escaleras de todos los portales llenas de gente joven charlando. Mendigos y alcohólicos deambulando entre esos primerizos rayos de sol que anuncian la primavera. Olor a marihuana de vez en cuando. Tulipanes y demás flores multicolores explotando en los terraplenes llenos de mierda de perro, donde los árboles aprovechan esta luz y este sol renovados para resurgir tras el frío. Aquí y allá coches de policía, con personajes uniformados que resemblan los antidisturbios españoles. Aquí y allá alguna ambulancia. Aquí y allá, ventanas abiertas de gentes que comparten su música y su universo personal con el peatón, pensando que los gustos universales y los propios fluyen en hermosa armonía. Todo esto concentrado, condensado en la fría, nevada y prácticamente muerta calle que abandonaste tan solo una semana atrás. Mientras tanto, tú intentas contener una erección mental mientras piensas Joder, como mola, ¿no?

Paseando, sin ningún tipo de prisa, te acercas a una tienda de T-Mobile, la compañía (de mierda) con la que tenias contratado el servicio. La tienda está, aproximadamente, a tomar pol culo. Y te alegras de que así sea. Paseas.

Entras en la tienda. Está en la parte Este de Harlem, donde la influencia pija de Columbia ya ha dejado de notarse. Los dependientes son todos jóvenes y negros. Hablan como negros, gritan como negros, se insultan y tienen el argot de negro de Harlem. Esperas. Pasan de ti. Al cabo de un rato, siguen pasando de ti.

Finalmente, uno de ellos te mira y suelta un ¿que quieres?

- Bueno, si, holaquetal… Mire, es que ayer me robaron el móvil, y quisiera cancelar mi número.

Le pasas el papel con tu contrato y demás. Preguntas si se puede hacer y asiente. Preguntas si eso hará que el mamonazo que te robó el móvil no pueda usarlo y que te carguen a ti los gastos. Asiente.

- Oiga, perdone… ¿De hecho, sería posible conseguir una copia de la tarjeta, con el mismo número y tal?

Asiente. Pide a los otros dependientes negros que gritan como negros y hablan como negros si alguno tiene una SIM virgen porai. Pasan de él. Insiste. Al final aparece una. El tipo hace un par de cosas con ella y finalmente te la da con tu número.

- Toma chaval.

- Gracias… De hecho, no tengo ni móvil. ¿Cual es el más sencillo y barato que tenéis?

- Ese.

- ¿Por cuanto sale?

- 75 Pavos

- Ostias… ¿Y No tenéis nada más barato?

- No… ¿Pero la verdad? Te aconsejo que no lo compres. Vete a una tienda de estas de aquí al lado, que no son de una compañía concreta pero están autorizadas. Allí tienen modelos más antiguos y te costaran nada.

Vaya, teniendo en cuenta que esta gente cobra a comisión, esta no te la esperabas.

- Vaya, muchisimas gracias. ¿Cuanto es por la tarjeta?

Te mira unos segundos y sonríe.

- Que te roben el móvil es una putada…

- Si, la verdad que si…

- Una putada

Esperas.

- Pero ¿Cuanto es?

Sigue sonriendo.

- Mira, normalmente son 20 pavos… Pero, bueno, Si, que te roben el móvil es una putada.

Le devuelves la sonrisa. Te levantas, le das las gracias dos o tres veces, y te alejas. El tipo ya hace rato que pasa de ti. El mismo tipo que te acaba de regalar la tarjeta. Y mientras te alejas, oyes como los negros vuelven a hablar como negros, gritar como negros, insultarse como negros. Piensas en como, si hubieras ido a tu parte del barrio, esa parte segura de blanquitos guapos, ricos y pijos, a Broadway o donde fuera,muy educadamente te hubieran cobrado 40 en vez de 20. Y, ni lo dudes, te los hubieran cobrado.

Encuentras una tiendecita donde te venden un nokia nuevo por 15 dólares.

Regresas paseando con tu antiguo número de teléfono en un nuevo móvil, mirando como el sol insulta al invierno. Piensas en cuan peligroso es Harlem, en como los negros son ladrones crakeros asesinos… y te ríes.

Joder, que bien sienta el buen tiempo y como te gusta tu barrio.

27Feb/104

Escenas (reales) enfermas; nº 1

Estas esperando el metro; como se habrá podido apreciar, universo recurrente. Sentado en el andén prácticamente vacío, con tu libro, viendo pasar el tiempo. Serán algo así como las 10 de la noche.

Al poco rato, unos gritos te hacen girarte. Son dos sin techo, un hombre y una mujer. A la mujer ya la tienes vista, tiene relativa mala leche, siempre esta en los vagones, pidiendo, y no le gustan las negativas. En cualquier caso, por norma, los sin techo de Nueva York se caracterizan por su inofensividad. La mujer tiene la cara cortada por 3 líneas bien delimitadas, claras marcas de surcos navajeros. El tipo lleva unas greñas y una barba de más de medio metro, y arrastra un cubo de basura cuadrado, de esos de restaurante, enorme. Su maleta personal. Gritan entre ellos mientras se acercan donde estás tu. No es una pelea, es más ese tipo de conversación de hechospolvo, de pseudoesquizofrenicos, de hijos del crack...

Al pasar por tu lado, el tipo te mira, y acompañado de una sonrisa, te suelta un sincero

Lo siento, disculpa.

Te quedas un tanto sorprendido. ¿Disculpa porqué? No te queda muy claro si era por los gritos, por pasar con el cubo demasiado cerca de tus pies, o lo que fuere. No tienes tiempo de decir.

Tranquilo, no pasa nada.

Sigues leyendo.

Al rato, llega el metro. Te subes en él, al igual que la pareja de mendigos, que se monta en el mismo vagón que tú. Catastróficas casualidades, en el vagón hay un grupo de 8 o 9 chavales de unos 18 años, con ganas de hacer el mamón.

Tal como entran los mendigos, 3 de los chavales se ponen a charlar con el tipo. La tipa, poco después, se aparta, y en un par de paradas ya se ha bajado del metro. Y digo charlar por decir algo. Es una de esas escenas horribles pero cada vez más recurrentes; digamos que los chavales han cogido al mendigo como su bufón personal para distraer el trayecto de metro, para hacerse los “guays” delante del resto de chavales, de las chicas.

El mendigo aguanta la compostura como puede. Digamos que, poco sutilmente se están riendo de él en su cara. Y el tipo, como puede, les sigue la broma. De entre ellos, uno es un chaval un tanto más joven, pero con sus buenos 16-18 años. Un tipo gordo, cabeza prácticamente rapada, con un anorac de pluma azul fluorescente y enormes gafas de sol. El tono de las bromas va creciendo, se va ensuciando y oscureciendo. El mendigo empieza a intentar alejarse, hasta que el niño-gordo le ofrece dinero, algunas monedas. Monedas que finalmente acaba tirando por el suelo, gritándole un recógelas del suelo pedazo de mierda.

Esto quizás después de 20 minutos de trayecto. Imagino que el mendigo tuvo suficiente, cada cual tiene su límite.

Llegados a este punto, el mendigo empieza a gritarles. Simplemente gritos de rabia, de impotencia… sobretodo de rabia contenida. El niño-gordo se crece, es el centro de atención, así que intenta gritarle más, más fuerte y mejor. Otro de los chavales acompaña al niño-gordo. Un tercero, viendo la situación y un tanto cansado, grita al mendigo que se vaya, que se aleje… Valiente imbécil, más fácil sería pegar un par de ostias a sus amigos.

En cualquier caso, el mendigo se queda mirando al tipo que le dice que se marche. Tranquilamente se calla, coge su cubo de basura-hogar y empieza a alejarse dentro del vagón. Su cara ha cambiado. En ese momento, el niño-gordo tiene la necesidad de poner la guinda final, su “triunfo”.

Córtate ese pelo de mierda. Eres una desgracia humana, por lo menos disimula. Das asco.

El mendigo suelta el cubo de basura y se gira.

Empieza a gritar a plena voz, se entienden pocas cosas, a parte de un ¿para qué, para parecer un cerdo seboso con la cabeza rapada como tú? Y luego sigue con frases que incluyen un carcel, un imbéciles, bien, una buena sarta de insultos y mierda en general.

Y aquí es cuando los chavales se crecen de verdad. Uno sigue gritándole al mendigo que se mache, pero ahora es el mendigo gritando al niño-gordo. Así que un tercer tipo empieza a gritarle al mendigo, todavía más fuerte, un

Venga, partele la cara si tienes huevos, partele la cara, venga, partele la cara!!!

Cuatro chavales jóvenes contra un mendigo desnutrido y hecho mierda. El mendigo se calla, se calma de repente. De sus pantalones rotos, caídos y asquerosos, de un bolsillo lateral, saca un destornillador de medio metro. Tranquilamente, empieza a hablar

No, no le voy a pegar. Le voy a atravesar con el destornillador. Venga, niños valientes, ¿Quién será el primero? ¿No queríais fiesta? Empecémosla. Venga, cuatro contra uno, venga. A mi me vais a reventar, pero de cuatro, me cargo mínimo a dos. Yo no tengo nada que perder. Venga valientes, venga.

Con tu libro en la mano, deseas de corazón tan solo un instante que alguno de los chavales la cague, que realmente pase algo. Llevan 30 minutos pidiéndolo a gritos, una buena dosis de realidad, de bajada de humos a puñaladas, de humildad.

Obviamente, todos los amigos de los cuatro valientes se levantan y se van al fondo del vagón.

Venga, héroe gordo. Dejemos de hablar. Venga, acércate.

El niño-gordo no puede dejar de mirar fijamente el destornillador de medio metro, mientras su piel se torna más blanca que la nieve que cubre la ciudad. Todos empalidecen.

Eso pensaba, eso pensaba. Luego soy yo el pedazo de mierda.

Llegamos a la siguiente estación. El sin techo, calmadamente, se guarda su destornillador, coge su cubo-hogar y se apea. Mientras las puertas se cierran, desde dentro, el niño-gordo se acerca y le grita un

¡Tu madre es una puta!

Y solo puedes pensar un No chaval, ya no, ni lo intentes,  ya no…

Inevitablemente, te pasas el resto del trayecto perdido en tus historias. Como siempre, la cabeza llena de mil pensamientos, y una vaga sensación de tristeza. Que imbeciles somos todos.

26Feb/101

Pequeños momentos, 1

Por algún motivo, esta nevando la de Dios, últimamente. De vez en cuando incluso sale en las noticias en el otro lado del charco. Será que la cosa va en serio ¿No?

Pero si le prestas atención, como siempre, la ciudad, como cualquier ciudad del mundo, de vez en cuando te regala algunos guiños curiosos.

Así que cae esta especie de agua-nieve agónica. Te pasas la mañana en la calle, por algún motivo te has levantado especialmente temprano y has ido a hacer recados, a buscar cosillas y a pasear un poco.

Y al terminar, coges el metro de regreso a casa. Es en el andén subterráneo del metro, ese metro tan característico de Nueva York, donde se sucede la escena. En el metro, las temperaturas tienen un comportamiento un tanto bizarro; bien puedes estar a unos buenos 25 grados como pueden haber diminutas clapas de hielo en el peor de los días. Los raíles siempre están llenos de agua; agua circulando, en realidad. Iluminación, olores y texturas subterráneas en cualquiera de los casos.

Así que, al esperar el metro, ves por la rabadilla del ojo algo extraño, algo que no eres completamente capaz de identificar. Te fijas mejor, y te das cuenta de que, lo que sucede, es que esta nevando en las vías.

El metro de Nueva York tiene muchos agujeros de ventilación, rejas que dan directamente al asfalto o a la acera de la calle. Y hoy, ahora, es el momento perfecto como para que la luz entre directamente por esa reja lejana, dejando entrar un débil rayo de luz blanca, y no la tétrica luz amarillenta subterránea, generando un precioso juego de luces. Y atravesando perfectamente ese rayo de luz, enormes copos de nieve caen del techo hacia las vías mojadas y sucias donde las ratas se pelean por los tropezones de mierda que hay entre los raíles.

Mientras esperas el metro, sonríes mirando como nieva en estos túneles horribles que atraviesan la ciudad bajo tierra, como arterias llenas de colesterol, como un hormiguero plagado de hormigas epilépticas. Aunque racionalmente entiendes porqué está nevando bajo tierra, la escena tiene un algo de surreal, de mágico, que te arranca esa fugaz sonrisa. Un pequeño guiño cualquiera que, si prestas atención, la ciudad te ha vuelto a regalar.

 

May 2012
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